lunes, marzo 20, 2017

EN ALGÚN MOMENTO DEL TIEMPO, EN ALGÚN MOMENTO EXISTENCIAL... ESCRIBIENDO. Fernando Rocha

ENTREVISTA 3 – 18/02/2017
FERNANDO ROCHA: "EN ALGÚN MOMENTO DEL TIEMPO, EN ALGÚN MOMENTO EXISTENCIAL... ESCRIBIENDO".
POETAS WHATSAPPEADOS. Ciclo de entrevistas de Poetas del Interior (PdI).

Flaco, garboso, profesor exigente, poeta dedicado de elaborada versificación, salteño nacido un 6 de enero, por lo que siente que le deben el doble de regalos desde su más remota infancia. Rocha pelea intelectualmente o quizás, virtualmente, contra las fuerzas ocultas de un departamento que sufre y disfruta de grandes mentes literarias que han marcado y ahorcado la creatividad y la trascendencia de sus autores a lo largo de 100 años. Bendición y maldición de un autor comprometido, desde lo pedagógico, con su arte. Con 4 libros en ristre sus molinos de viento aún están muy lejos porque no cree en imposibles y con ello se aferra al porvenir. Están convidados a conocerlo.


POETAS DEL INTERIOR: ¿Quién es Fernando Rocha?

FERNANDO ROCHA: ¿Quién soy? ¡Qué pregunta, eh! Amplísima, ambigua. Todavía me estoy respondiendo eso. Tratando de saber quién soy. Ehhh... socialmente, podríamos decir, soy alguien que nació el 6 de enero. Que se ha dedicado a la enseñanza desde hace 16 años. Técnico en instalaciones eléctricas y Profesor de Lengua y Literatura, lo cual combina poco pero... es la realidad. Y ahora, desde un tiempo a esa parte desde que presenté mi libro, mi primer libro en 2004, soy alguien que le gusta escribir y le gusta mucho el tema de la escritura.

PdI: ¿Cómo entraste al mundo de las letras, sobre todo de la poesía?

F.R: La entrada fue una entrada rara. Terminando mi curso de instalación eléctrica que nombraba hace un rato, tuve dos maestros, profesores que... uno me mostró a José Martí y el otro me trajo una vez “Las Venas Abiertas de América Latina” para que yo leyera. Fue mi primer gran acercamiento. Ahí creo que había algo oculto de todo lo que había sido primaria y el hecho de que, si bien leía, en mi casa no había textos, no había libros propiamente, sino más que nada revistas... un Dartagnan que mi abuela coleccionaba o siempre tenía, un Paturuzú y algunos Charoná o Moñita Azul que se iba incorporando por tener un kiosco muy famoso en la ciudad de Salto en la esquina de la escuela a la cual concurría. Después eso me empezó a interesar mucho y a los 19 años empecé a escribir compulsivamente por una necesidad vital, una válvula de escape y creo que hasta hoy también es en muchos casos una válvula de escape, pero de ahí el salto a poder publicar y mostrar lo que yo escribía, fue un camino bastante arduo, temeroso, doloroso por momentos. La indiferencia es grande en muchos casos, el hecho de creer que hay una exposición que puede ser dolorosa, que puede ser hasta angustiante, hasta que en el 2004 me animé a publicar mi primer libro, mis dos primeros libros son libros de autor, de una editorial que no preguntó demasiado, lo único que quería saber era cuantos textos y cuántas hojas necesitaba y si la tapa era a color o en blanco y negro y ya con eso estábamos hechos.

PdI: Antes de entrar de lleno en la poesía, que es lo que nos convoca, contame un poquito sobre tu actividad docente y lo que implica el trabajo con alumnos jóvenes.

F.R: Bien, este... terminando mi carrera de instalación eléctrica, vuelvo al punto de partida porque ese fue un año muy emblemático, fue el año 1997, se aprueba una ley que validaba el bachillerato de UTU y lo igualaba con el bachillerato de secundaria, lo cual me habilitaba para hacer una carrera terciaria. Mi primera intención fue ser maestro técnico, cosa que no podía hacer en Salto porque estaba la carrera en Paysandú y no podía mantenerme económicamente, pero resulta que había aparecido justamente el CERP del litoral y a mí me gustaba... me había empezado a gustar mucho el tema de la historia preferentemente... y había una apuesta por la literatura interior que yo quería hacer y bueno... mi profesorado era doble, Lengua y Literatura y una vez que empecé a estudiar y encontrarle el gusto a un montón de cosas, también fue muy importante la presencia de algunos profesores y el hecho del teatro, algo que siempre me ha atraído, me ha gustado, y después con mis estudiantes más adelante hemos hecho recitales poéticos y obras de teatro, adaptaciones y eso me gusta mucho. Empecé a trabajar con estudiantes de secundaria... Nunca pude ingresar en UTU, paradójicamente toda mi formación fue en UTU superior y nunca pude entrar en UTU, porque había, de estos dinosaurios que siempre tenemos, había una inspectora regional que detestaba a los estudiantes del CERP entonces rechazó todas las carpetas y recién hasta el año 2005 – 2006, no se pudo ingresar, al menos en lo que es el departamento de Salto. Entonces yo presenté la carpeta dos o tres años y después no la presenté nunca más... en UTU. Trabajando en secundaria me fui adaptando, cada vez trabajando menos con Idioma Español, Ciclo Básico y trabajando más con Bachillerato y a partir del 2003, mi entrada al nocturno del Liceo N°1 creo que cambió muchas cosas. Encontré un campo idóneo, un lugar donde me sentía muy cómodo y eso se complementó en el año 2008 trabajando en cárcel, desde esa fecha hasta ahora estoy trabajando en cárcel, y ambos fueron y siguen siendo lugares (nocturno y cárcel) de libre expresión, donde me siento cómodo y todavía tengo un grupo de estudiantes que siguen algunas de mis locuras pero que tiene que ver todo, vinculado directamente a lo que es el teatro, manifestaciones teatrales, el arte en general. Tuve la oportunidad en 2005 de hacer un post grado de arte por el MEC. Eso también me ayudó. He hecho intervenciones artísticas urbanas. Pero siempre necesito de gente que quiera acompañarme y los estudiantes han sido fieles en eso, sabiendo que no es una retribución personal o una nota pero siempre han sido fieles. Y... bueno, y por ahí voy, ahora desde el 2011 en adelante estoy trabajando en el Centro Regional de Profesores y también, me ofrece otra mirada a los futuros profesores, las nuevas generaciones, cómo nos ven a nosotros, cómo nosotros veíamos a los profesores y cómo a su vez, estas nuevas generaciones ven a los futuros estudiantes y es una lucha constante pero muy interesante porque me mantiene despierto y yo creo que una de las cosas por las que ingresé a un tercer nivel era porque no quería anquilosarme, o sea quedarme en el tiempo y si me voy a convertir en un dinosaurio, bueno, se dará de manera natural pero no porque no haya peleado para evitar eso (risas).

PdI: ¿Cuanto del Profesor hay en el poeta y cuanto del poeta hay en el Profesor? si es que ambas actividades se pueden complementar y/o combinar.

F.R: Bueno... sería otra vez mirarse subjetivamente, ¿no? Como toda mirada introspectiva. A veces es bueno porque logro autocompletarme en mi definición de alguna manera cuando escucho a mis estudiantes que después que toman cierta confianza conmigo y hemos compartido algunas cosas se atreven a decirme cosas que antes no. Soy un profesor muy exigente, muy estricto en mi clase, todo el mundo lo sabe, en Salto lógicamente, no es ninguna novedad, y el poeta es alguien que de repente tiene unas ganas bárbaras de comunicar y comunicarse. Estoy convencido que sin un otro no existe esa comunicación. Entonces cada vez que uno decide escribir, publicar, salir a la luz sabe que hay algo que deja de ser suyo, que se desprende y que pasa a ser de todo aquel que se identifique, para bien o para mal, siempre le digo a mis estudiantes, no soy un genio ni un gran admirador de arte, no he estudiando necesariamente para eso, me gusta mucho, consumo y me gusta mucho pero algo me puede atraer o repeler pero yo tengo que tratar de tener una opinión formada sobre eso, un argumento. Me gusta porque... me parece una reverenda tontería o porquería por... tal cosa. Entonces el poeta es alguien que trabaja sobre el texto, soy de escribir y reescribir mucho, pero es alguien también más intuitivo, y alguien que de alguna manera baja, ¿no? No es tanto como el profesor de Literatura... mirarme como profesor de Literatura... es decir que la misión más importante que tengo de acá a fin de año es que estos estudiantes, que de repente me miran con recelo en las primeras clases y que no quieren saber nada de un texto literario, tengan la capacidad de enfrentar el texto literario y disfrutar sobre todo de una lectura, descubrir el placer por la lectura y contagiar un poco de esa locura porque cuando me preguntan qué cantidad de libros he leído, qué libros tengo en mi casa, por qué me gusta tanto y qué hago un fin de semana. Y cuando les digo que dedico mucho tiempo a lo que amo, porque es una profesión que amo en realidad, me acusan de loco o directamente me dicen “se ve que está muy aburrido, no tiene muchas cosas para hacer”... contagiar un poco de esa locura. Me han visto que cuando armamos un recital poético o una intervención artística, lo que sea, yo soy uno más y si hay que arreglar luces, si hay que colgar alambres o arreglar lo que fuere, yo lo hago porque es algo que disfruto mucho. Disfruto mucho y eso a veces a ellos les cuesta entenderlo al principio pero después lo entienden, que la educación también está en el vínculo, también está en los grupos que se forman, en involucrarse en el producto. Eso también la cárcel me lo ha enseñado muchísimo. Los estudiantes saben que tienen que ver un producto armado, hasta que no ven un producto armado, definido, es como que le falta algo. Y si son parte de ese producto se sienten muy plenos porque se sienten alguien “útil” en el mejor sentido de la palabra, no como utilidad mercantilista si no útiles porque eso que está ahí, ese producto final “tiene una parte de mí”.

PdI: Fernando hablame un poco de “Umbral Anacoreta” tu primer poemario y cómo te ves hoy, en 2017, como escritor, incluso si querés, comparándolo con tu último libro “Pretexto”.

F.R: El primer libro “Umbral Anacoreta” es un libro que que tiene poemas de finales de la década del '90 y principios de 2000, 2001, hasta 2002 quizás. Había una catara muy importante de textos que yo fui descartando, me fue bastante difícil llegar a ese poemario 2004, había un montón de prejuicios, temores. El hecho de enfrentarme a una posibilidad de público, de gente que pudiera interesarse, ¿no? Para bien o para mal que pudiera interesarse con la poesía. El profesor ya estaba instalado, ya hacía 5 años que venía trabajando, pero el poeta era algo nuevo, digamos ¿no? Yo no había publicado en ningún lugar, ni había mostrado más que a dos o tres personas de mucha confianza, y surge “Umbral Anacoreta”o sea, la idea de un umbral, un pórtico, de un anacoreta, una especie de ermitaño que salía a una luz que podía ser cegadora o no. Son textos que buscaban evitar, algo que siempre trato, el uso de la rima, era una poesía que rompía un poco con lo establecido. Estaba contaminado por varias lecturas lógicamente, a medida que va pasando el tiempo eso es inevitable, y era un libro relativamente sencillo, con versos que si los miro hoy a la distancia son efectivamente, sumamente sencillos, muy cargados de lo adjetivo, hasta barroco en ese sentido literario, por momentos, pero que mostraban una idea de “acá estoy, no sé bien para qué, ni por qué, pero acá estoy y empiezo a definirme a través del texto literario”. La sentencia breve, los versos que no pasaban más de ocho sílabas o un poco más, es algo que siempre me ha gustado... lo sentencioso. Quizás Idea Vilariño tenga algo que ver con eso, necesariamente ¿no? Yo lo hablaba con una poeta que conocí entorno a ese año que era Mariella Nigro. Ella utilizaba muchísimo el verso heptasílabo y siempre hablábamos de eso. De esa sentencia. Esa sentencia en la idea de decir, bueno... el texto es algo que es corto como me gustaba concebirlo... y lo sigo concibiendo. Es algo corto pero que debe dejar algo latiendo. Entonces hay una preocupación y hoy la preocupación sigue siendo por lo que tengo que decir más que por lo formal, pero sobre todo, es algo que siempre tuve desde el primer libro que es, como lo decía en la pregunta anterior, la intención de establecer puentes comunicativos. Si ese puente no se da, no tiene sentido, el arte en sí no tendría sentido. Ese es mi punto de vista personal, que el arte no tendría sentido si no hay un otro que lo complemente. Entonces es una necesidad, es una válvula de escape, es un estado de ánimo. La empatía entra muchísimo en esto. Una vez recuerdo que un alumno dice, “pero a usted no le puede pasar todo eso que escribe” (je), “y por suerte no”, le digo. Pero también existe esa idea de la empatía, de una frase al pasar, de un verso, de una canción, de una cara triste, de una situación y el poeta consigue... yo, siempre lo he dicho, no creo en las musas sino en las excusas para escribir. El poeta clásico creería en sus musas y nosotros estamos bastante lejos de eso. Yo pienso en las excusas para escribir y eso que despierta una imagen que termina transformándose en otra cosa. Y ¿cómo me veo hoy en el 2017? Bueno... quizás un poco más maduro en eso... del decir... Quizás también en el 2004 si tenía alguna cosa para decir daba como un rodeo y hoy, ya curado de espanto, y con tanta agua que ha pasado por debajo del puente, soy más directo. Mi ideología, mi forma de pensar y ver el mundo no está oculta si no que sale a la luz y quizás me definen un poco más de quién soy hoy o cómo soy hoy, la poesía actual. Pero insisto también con el hecho de que los primeros versos ya dejaban entrever lo que yo pensaba y sentía y obviamente que han pasado trece años ya y uno va, no sé si madurando pero va cambiando también en muchos aspectos, se va adaptando a muchas cosas y la forma de pensar y la ideología también se va afianzando de alguna manera ¿no? Me va definiendo también un poco más.

PdI: Hoy en día, Fernando, con esos trece años de diferencia entre ese primer libro y hoy, ¿Los temas que te motivan a escribir siguen siendo los mismos, van cambiando con el tiempo, va de la mano de la maduración o sigue siendo el mismo interés que el primer día?

F.R: Yo creo que hay temas que se mantienen y otras cosas que van surgiendo, lógicamente. Hay temas que son a veces denominados en literatura, capitales. O sea, el tema del amor es algo que siempre me ha interesado, el tema de la existencia vinculada a la muerte, o sea la muerte como parte de la vida es algo que también siempre me ha interesado. La soledad y el quehacer poético como una herramienta de combate frente a esa soledad, que a su vez... es como decir, hablar del amor y no halar del dolor en el amor es como que el amor estaría incompleto ¿no? Tampoco es un acto de masoquismo pero es una realidad. Una vez me dijo otro poeta amigo, es difícil escribir en la felicidad, generalmente se escribe desde la infelicidad. Entonces hablábamos de que hay momentos, ¿no? Porque de repente yo puedo estar muy bien de ánimo en apariencia y surge algo, un recuerdo, una imagen o lo que fuere que me dispara otro momento y hay como una nostalgia. Yo creo que también, ese, el tema de la nostalgia es algo que está presente, muy presente en los últimos cuatro o cinco años. Sobre todo esa nostalgia de la niñez huida, no como la idea... me gustaría regresar ahí, cosa que se sabe que es imposible, si no el valor de las pequeñas cosas que de repente pasaban inadvertidas por nosotros y que hoy cobran un valor muy pero muy importante. Yo lo he comentado en varias ocasiones y una vez me quedaron mirando varios colegas que estaban hablando que cada vez me costaba más volver al barrio de mi infancia y era un desgaste emocional muy grande y hasta el día de hoy lo es, porque, claro, no es lo mismo, en la casa de enfrente no está fulano, no está mengano, en la casa del costado, tampoco. Amigos, familiares, vecinos, cosas que pueden convertirse en poesía, como la única luz en la mitad de la cuadra donde ahí se contaba para jugar a La Topa o a La Escondida. Entonces son cosas que de repente disparan muchas cosas. En lo emocional disparan muchas imágenes, muchos recuerdos y la nostalgia es un tema que hoy yo me he dado cuenta, al releer textos, que es algo que es muy importante en la realidad. Y sigo hablando sobre el amor y sigo hablando sobre la muerte. Hablo quizás un poco más, y eso es cierto, sobre la realidad social de mi país, de mi entorno geográfico pero también hay por momentos, y eso queda claro en varios textos... bueno, todavía queda gente con quien conversar, todavía queda gente por conocer y todavía quedan muchos espacios por compartir y los espacios los hacemos, basicamente, ¿no? Es como hacer referencia o hablar de los encuentros de poesía en Fray Bentos, por ejemplo, siempre lo he dicho, son momentos donde uno se reencuentra con otros pero también se reencuentra consigo mismo. O sea, a mí me gusta esta idea... me encuentro con otra gente para compartir lo que yo hago. Ese es el puente comunicativo, lo he dicho varias veces, pero para mi es importantísimo.

PdI: Yo que he leído mucha poesía tuya, destaco el gran manejo de lo cotidiano, un tema cualquiera que se va desarrollando y puede llegar a ser hasta existencial al final. Ese tipo de poesía creo que es una gran virtud que tiene tu poesía. ¿Estás de acuerdo conmigo?

F.R: Sí, esa búsqueda de lo cotidiano es algo adrede porque es el tipo de texto que siempre me ha identificado. Además ahí vendría a ser como una cotidianeidad al estilo de la pregunta que me hacías del poeta/ profesor de literatura, profesor de literatura/ poeta. ¿Por qué? Porque yo siempre he sido una de los profesores que ha luchado, junto con otros colegas, por desmitificar eso de que la literatura es propia de una elite social, como lo fueron varias de nuestras generaciones literarias, por más que a algunos les cueste reconocer. Hablar de una generación del 900 en Uruguay es hablar de una generación muy elitista. La generación del '45, si bien rompió con algunos tabúes, también, no dejó de ser una generación elitista. No era que yo me iba a sentar en el medio e iba a leer mis textos en el Sorocabana o en Salto, por ejemplo, lo que fue la Confitería Oriental en su momento que era un lugar donde se encontraban los denominados intelectuales. Esa es una palabra que..., yo hablo siempre jocosamente de los pseudo-intelectuales. Me molestan y mucho, los nombres propios. O sea, los nombres propios que por ser nombres propios ya con eso abren las puertas y hay que tirarles alfombra roja. Entonces para mí la poesía y para mí lo literario, estrictamente está en lo cotidiano. Si en una clase yo trabajo un texto y eso no se coteja con la realidad nunca va a existir el impacto emocional y para mí va a pasar por el costado. Podría hablar de un texto literario, los estudiantes simplemente agacharían la cabeza y escribirían y jamás entrarían... yo lo llamo, en conflicto, en esa ida y vuelta con el texto literario. Entonces si el texto literario no llega, para mí es una clase perdida y para mí es un tiempo... y me voy muy defraudado a mi casa y vuelvo a tratar de insistir con otra mirada si eso no ha llegado. Lógicamente que en una clase de veinte o treinta personas es imposible que todos lleguen a algo con el texto pero lo importante es decir, bueno... esto es una puerta, acá es un camino por donde pueden transitar y el texto literario es eso... es un ser humano, en algún momento del tiempo, en algún momento existencial, escribiendo. ¿Y para qué escribe? ¿Para qué lo publica, sobre todo? Para que trascienda en el sentido de que alguien se identifique con eso, sino no tendría sentido. Me lo guardo en un cajón y lo dejo y que quede allí. O escribo solamente para mí y después que terminé de escribir lo borro. Entonces en esa idea, lo cotidiano, lo poético me rodea siempre. Ahora, es cierto que... no sé si es virtud o no virtud pero es cierto que, lo que decías vos, Javier, que utilizo muchísimo como disparador lo cotidiano, ¿no? Entonces lo cotidiano es un disparador para de repente profundizar en algunas cosas que es como decir... bueno, dejé planteada una idea, estaría bueno debatirla. Que puede trascender, ir más allá y si vos estás de acuerdo o no... podés estar totalmente en desacuerdo con mi planteo y no es el único, no es la verdad absoluta, que no existe, y no es la razón más verdadera. Es un punto de vista de la realidad, nada más.

PdI: ¿Qué pasa con Salto y la poesía? ¿Qué pasa con Uruguay y la poesía?

F.R: Bien, esteee... mi poesía comenzó a ser conocida, trascendida a las fronteras de Salto cuando salí de Salto. Y conocida en Salto cuando salí de Salto. Entonces, sí... yo alguna vez lo escribí, esa idea de no ser profeta en tu propia tierra... una cosa es el refrán y otra cosa es que la gente haga todo lo posible para que eso se cumpla. La primera vez que me invitaron a un encuentro literario fue en el 2006. Fue el primer encuentro de Literaturas en Maldonado. Yo era Juan de los Palotes en medio de gente muy grosa de Buenos Aires, Paraguay, gente del Brasil y gente de Uruguay, por supuesto. Entonces en una de las entrevistas que me hicieron en la radio me preguntaron, y yo siempre traté de graficarlo de esta manera, es como transitar por una calle, por la misma calle y encontrar a los más reconocidos escritores uruguayos, casi por cruzar a la próxima calle, ya cruzando la esquina y después un grupo de gente que le gusta escribir transitando mucho más atrás, por la misma vereda o por la vereda de enfrente pero en lugares distintos, como desconocidos. O sea, porque no es un círculo, porque no nos agrupamos, porque yo sé que el otro escribe y el otro sabe que yo escribo pero no compartimos lugares y porque hay escritores que siegan. Que en ese afán de decir, bueno, nosotros “somos” Salto, han segado y en los últimos años parece que Salto está perdido en una neblina cultural de la cual los Quiroga, los Marosa di Giorgio, los Garet, por ejemplo, son figuras, que nadie va a discutir su valor literario, pero que no permiten que aparezcan nuevos escritores que sabemos que los hay. No solamente porque han publicado alguna vez, han tenido la suerte de publicar, yo he tenido la suerte de publicar, como otros escritores, sino porque básicamente no son reconocidos. No se lee en una escuela, no se lee en un liceo, no están los libros en la biblioteca municipal ni en la biblioteca de los liceos y eso es importante. Y a nivel nacional, yo siempre se lo he dicho a mi editora Melba Guariglia, a quien considero una persona excepcional aparte de una gran escritora, una buena amiga, que a mí me pasaba cuando iba a Montevideo que... uno empieza a reconocer los círculos, ¿no? Hay como círculo de escritores, entonces hay gente que anda junta para acá... se disimula un poco más porque hay dos millones y pico de personas, pero en Salto por ejemplo, eso se siente. O sea, formás parte de algo o no formás parte de ese algo. Y el peor error que se pueda cometer respecto a eso, y eso es algo muy personal que yo sostengo, es tratar de valorar la escritura de alguien por cómo es como persona o la imagen que yo me he creado de ese alguien como persona. Entonces no entro en la discusión que tendría que ser más de fondo que es la discusión literaria, digamos. A mí me pasó que en la primera presentación de libro estaban mis familiares. En la segunda presentación de libro eramos ocho personas. Cuando presenté mi tercer libro, que ya venía con una editorial de Montevideo, hubo más de cien personas y en a presentación del último libro éramos veinticinco personas. O sea, no es que esté midiendo un éxito o un no éxito, si no los distintos tiempos. A mí me llamó poderosamente la atención que... yo presenté mi último libro en la Feria del Libro de Montevideo y no sé cuántos años hacia que un escritor salteño no presentaba un libro allá y es algo que pasó totalmente inadvertido, en mi ciudad pasó totalmente inadvertido. Salvo en mi círculo de conocidos, pasó totalmente inadvertido. Y cierro con esto... creo que es una imagen que ilustra a la perfección lo que estoy tratando de sostener. En la presentación de mi último libro, que lo presenté con y gracias a que mi amigo Sergio Calvo, consiguió el museo de Bellas Artes, ya que no encontrábamos un lugar, porque en ningún lugar me abrían la puerta... un diario local que se llama El Pueblo, mandó a una muchacha que estaba incursionando en el tema de eventos culturales y estábamos en la puerta del museo que está en plena calle Uruguay, esperando para iniciar y veo casi sobre la hora a una persona que pasa como tromba... cruzó ¿no? como tromba. Dijo “buenas noches” y siguió de largo hacia adentro, nosotros estábamos en la vereda del frente del museo, y que después, como a los tres o cuatro minutos sale y me dice... “vos sos Fernando Rocha”. O sea ella venía a la presentación de mi libro sin saber quien era yo. E incluso en las preguntas que me hizo en la pequeña entrevista que me realizó, le llamó poderosamente la atención que ese era mi cuarto libro. Había escuchado nombrarme como el profesor, no sabía que yo escribía y mucho menos sabía que era mi cuarto libro.

PdI: La que suele ser la última pregunta o la última reflexión de la entrevista es esta... ¿Sobre qué nunca escribirías? O ¿Para quién nunca escribirías?

F.R: Bueno... ¿sobre qué no escribiría? Quizá no escribiría sobre fútbol salvo que a veces utilizo, porque claro en lo cotidiano que hablábamos hoy, utilizo alguna frase de la jerga. Yo en uno de los últimos textos que leí en público sostenía que hoy, muchas veces, parafraseando a Marx, el fútbol es el opio del pueblo uruguayo, por momentos. Es el quitapena y olvida todo lo demás, y me encanta el fútbol así que no va por ese lado. Y no escribiría desde un compromiso político partidario. Eso lo he tenido claro siempre. Creo que la poesía no necesita politizarse para ser una poesía o una literatura comprometida. Hay muchas formas de comprometerse. Quizá eso, pensándolo ahora, son los temas que jamás abordaría o al menos en este momento te puedo decir que jamás los abordaría. Después, no sé... hay muchos temas que me gusta abordar y quizás sin politizarme me he metido, aprovechando el por qué estoy acá en Fray Bentos por ejemplo en esta entrevista, si bien he escrito durante bastante tiempo textos para murgas, este año recién se dio que compartí libreto con uno de mis hermanos y mi razón de estar acá hoy, en Fray Bentos es porque la murga actúa en Fray Bentos. Pero va por otro lado y lo tengo bien claro que es otra cosa... pero no me gusta la murga que se politiza, de alguna manera, porque creo que deja otros rasgos afuera que forman parte de la esencia de la murga. Y desde mi punto de vista yo creo que la literatura o el arte en general puede comprometerse sin politizarse.




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