sábado, mayo 27, 2017

MIGUEL (El Cristo) OLIVERA: "ENTRE EL TANGO Y LA POESÍA, UN CANTOR DE GESTA"

ENTREVISTA 6 – 26/03/2017
.
POETAS WHATSAPPEADOS. Ciclo de entrevistas de Poetas del Interior (PdI)

Miguel es uno de esos poetas imprescindibles de nuestro país. Con una vida intensa, con pasajes de todos los tipos imaginables en su transitar,de los buenos y de los otros, El Cristo, (como le gusta que lo llamen y que le pusieron por ser un joven flaco y de pelo largo caracteres que aún conserva) divide sus grandes amores entre la poesía y el tango pero con la misma pasión. Generoso y fraterno con cada persona que trata es un luchador incansable por la justicia social y la identidad afirmada en la libertad que brinda la revolución física e intelectual. Con ustedes... La Leyenda.

POETAS DEL INTERIOR: Miguel, ¿qué se le puede preguntar a un poeta con tu trayectoria y con la vida vivida que tenés vos? Y a su vez ¿qué se le puede decir a los poetas que viene detrás?

MIGUEL OLIVERA: Yo creo que quizás el rasgo permanente o el rasgo destacable de una trayectoria, entre comillas, que es nada más que acumulación de tiempo, uno es viejo y ya acumuló tiempo y a eso se le llama trayectoria. El rasgo a destacar, decía, o a valorar, es la lealtad poética, biunívoca, es decir de la poesía hacia el autor y del autor hacia la poesía. Creo que eso es lo destacable, es decir, la constancia de ese vínculo, de ese cultivo y de esa creación y la fidelidad de ambos uno con el otro, la poesía y el poeta.

PdI: Tengo entendido que tu relación con la poesía es desde muy jovencito.

M.O: Desde la niñez. Yo recuerdo perfectamente, tenía ocho años cuando me vino el primer poema. Yo lo definí en su momento como un vómito dulce y estoy seguro que era un plagio. Estoy seguro que surgió de algún tipo de lectura romántica. Yo accedía a libros de poesía española de mi familia y eso me marcó y seguramente algo le había robado a algún otro gran poeta que leí, seguramente fue así. Y a partir de ahí me gustó... el trabajo, digamos, el tener una especie de escape. Yo jugaba en el minibasket en esa época, era un escolar de una familia tipo, obrera y apareció esto como un fenómeno. En mi casa no había ni siquiera papel para escribir entonces yo escribía detrás de unas facturas de mi padre... que archivaba. En la parte de atrás de los recibos, de las facturas que él acumulaba en carpetas llevando la administración de una pequeña empresa, escribía poesía. Después me ordené más, a los nueve, diez años y hay algo determinante me parece. A mi padre lo matan cuando yo tenía diez años y a partir de ese momento la poesía me llamó a cultivarla. Sentí la necesidad de expresarme de alguna forma... hijo único, pibe huérfano de padre, solo, con pudores para contarle a mis amiguitos de barrio mi dolor, entonces lo volqué en la poesía. El origen fue ese.

PdI: ¿Qué te pasa a vos cuando escritores destacados e importantes del país te consideran a vos un referente y te ven con admiración y cariño? ¿Te marea, te alegra, te genera algo especial?

M.O: Sí, me genera alegría. La fraternidad ente los seres humanos es quizás lo más valioso de la vida. Y en lo profesional, en un ambiente quizás con mezquindades, con competencia, ese tipo de vínculo fraterno, sincero es muy valioso y yo lo cultivo, es decir, hay una palabra que tiene origen lunfardesco que es “frater” que me parece que engloba esa categoría que no es amigo, que no es compañero de lucha o que no es compañero de causa pero que es un frater, es un hermano de causa poética, es un hermano de relación social y lo cultivo y me alegra cuando es recíproco. No me marea, al contrario creo que es una necesidad, que deberíamos ser todos así. Yo he reconocido en mis mayores en materia de creación y de poesía, y el reconocimiento entre nosotros me parece algo natural. Es lógico que un poeta reconozca al otro y lo ame y lo quiera y lo valore.

PdI: ¿Nunca tuviste problema con la palabra “Poeta” a la hora de definirte?

M.O: No, al contrario. Yo empecé a usar quizá el término “poeta” aplicado a mí mismo, antes de serlo. Es decir cuando apena era un incipiente balbuceante infantil. Yo ya me creía poeta (risas) sin pudores, sin pudores.

PdI: Quizás te tenga cansado que te pregunten siempre sobre tu época de detención, pero sin entrar mucho en detalles quería saber cuánto te marcó eso en tu vida primero y después cuanto marcó tu escritura.

M.O: Bien, yo sin querer minimizar el efecto de una cárcel prologada, una prisión prolongada, en definitiva sumando carcelajes... son trece años encerrado. Fue una parte más de mi vida. Como fue tan intensa y como fue total, es decir una privación de libertad absoluta, lo que destaco es que la poesía que estaba incorporada en mí como una actitud de vida fue parte fundamental de la resistencia. Poder resistir situaciones límites... una de las cosas en las que me apoyé, fue en la poesía, en la razón poética que yo la emparentaba con la razón histórica y con la razón política. Entonces eso me sirvió de apoyo íntimo para sostenerme ante adversidades. La poesía me fue fiel una vez más y yo creo que le fui fiel una vez más. Y me salvó... yo creo que la poesía me salvó. Entre otras cosas, claro. Los compañeros, la causa... la poesía también fue un pilar... como el tango, a mí también el tango me salvó.

PdI: En una entrevista tuya que leí hablabas de cómo solucionabas el problema de escribir en prisión.

M.O: Sí. En cierto modo hay una categoría entre los presos que es el preso viejo. Yo fui un preso viejo y eso me favoreció. Es decir tuve unas primeras escaramuzas, primeras relaciones con los carcelajes de prisiones breves... en los primeros años del '60. Procesamientos de meses en Jefatura, Cárcel Central, por acciones políticas en la calle. Breves sí, breves, meses o días y eso me fue formando, aprendí ciertos recursos del preso, para esconder objetos, para esconder cosas y para mí fue determinante mi primera prisión en Punta Carretas... semi prolongada, de un año, donde aprendí casi todos los trucos del preso para eludir la censura, para eludir la revisación, la requisa y los controles de los carceleros. Entonces eso, para encarar después una prisión prolongada de doce años seguidos en el Penal de Libertad, ese bagaje de recursos me permitió esconder poesía, sacar poesía hacia afuera de la cárcel y publicar afuera cuando pude o cuando pudieron quienes lo hicieron. Hay recursos, se puede. No hay que dejar de hacerlo porque te reprimen y bueno caerán los materiales, caían muchos, cayeron muchos, perdí mucha cosa pero también salvé mucha cosa. Casi todos los que escribimos en la cárcel salvamos mucha cosa también.

PdI: ¿Y estar en la cárcel te generaba más ganas de escribir o te quitaba ganas de escribir?

M.O: En mi caso me generaba más ganas de escribir. Me aumentó las ganas de leer. Siempre leer o escribir en la cárcel son fugas, son ventanas hacia afuera, son vínculos con el mundo exterior y leer es viajar y es escaparse, es fugarse y escribir es lo mismo. Te escapás, te fugás por la escritura. Son recursos valiosos y recomendables. Aquel que caiga preso lea mucho. Por ahí se va. Por ahí libera la cabeza.

PdI: Otra cosa metida en tu ADN, Miguel, es el Tango. ¿Por qué el tango?

M.O: Bien, el por qué mecánico... es porque fue la banda sonora de mi infancia. En mi casa la radio permanentemente prendida escuchando tangos, mi padre era un tanguero, bailaban tangos con mi madre. Iban a los bailes, desde antes de nacer yo; aún siendo bebito me dejaban en algún lugar. Llegué a enterarme, por ejemplo, que mi madre me daba mamadera con amapola y me dejaban solo en el rancho, viste, para irse a bailar y yo quedaba ahí, dormidito y cuando volvían de madrugada me encontraban en la misma posición (se ríe) dormido tranquilito. Además, un tiempo más adelante, mi padre los fines de semana chofereaba un ómnibus que transportaba dos orquestas, una típica y una de jazz, que le llamaban en ese momento, a bailes. Y me llevaban con ellos. Entonces conviví durante tres o cuatro años con músicos, me quedaba en los bailes. Fui parte de un grupito de tres tamboriles niños de Romeo Gavioli, porque viajábamos con la orquesta y cuando hacía los candombes ponía a tres niños que eran hijos de los músicos. En este caso yo era hijo del chofer del ómnibus y tocábamos los tamboriles pequeños en los candombes de Gavioli, en los bailes. Y de ahí en más seguí pero me interesó más que nada ... con el tiempo, ¿no? siendo adolescente, el estudio del tango yo no toco instrumentos, no bailo, no canto (risas). O sea mi vínculo con el tango fue más emocional, originariamente, e intelectual en mi búsqueda de la información y me terminé transformando en un especialista del tango, en un estudioso del tango, porque tuve la suerte de que surge en mi adolescencia El Club de la Guardia Nueva, que quedaba a dos cuadras de mi casa y me volví un frecuente y asiduo concurrente. Me hicieron socio y terminé siendo uno de los estudiosos del Club de la Guardia Nueva, de su historia, me volví un investigador. Eramos cinco o seis, entre ellos Horacio Ferrer que era mayor que yo, que ni tocábamos instrumentos, ni bailábamos, ni cantábamos. Entonces nuestro métier era estudiar la historia del tango y terminamos con una audición radial, nuestras fichas y nuestros estudios y de ahí en más lo seguí como un estudio interesante que sigo hasta hoy.

PdI: Miguel, como persona del interior que siempre vivió la movida literaria del país desde lejos, siento gran curiosidad de cómo viviste vos tu relación (algunos como amigos, otros conocidos) con escritores hoy reconocidos como parte importante de nuestra literatura.

M.O: Creo que tuve la suerte de estar en el momento justo de cuando aún vivían los grandes nombres de la poesía uruguaya... Sabat Ercasty, Sabat Pebet, Juana de Ibarbourou, muchos más. Estaban vivos, estaban presentes. Tenían su lugar... eeehh, era la época de peñas poéticas, lecturas, en la casa de alguno o en algún café o en alguna confitería. Y éramos tres o cuatro jóvenes... nos separaban (piensa) veinticinco años... nuestra edad y la del resto de los concurrentes y fuimos como aceptados, como integrados y ahí surge el vínculo y el conocimiento con los grandes nombre de la poesía de la época de fines de los '50 y comienzos de los '60, la pudimos vivir y palpar. Nunca como pares. Yo siempre los destaqué con admiración, los miraba con veneración pero tampoco con endiosamiento. Era la época en que esos poetas descollantes o renombrados tenían discípulos, tenían seguidores, muy pocos, muy selectos. Y ninguno de los tres jóvenes que... te los nombro, Abel Piñeiro, Juan Carlos Tajes y yo que éramos quinceañeros o de dieciséis, diecisiete años, ninguno fuimos alumnos ni discípulos de ninguno de los popes de la época. Los admirábamos a distancia pero queríamos que nos respetáramos mutuamente como creadores. Eso tampoco quiere decir que nos sintiéramos iguales que ellos. Ellos eran lo que eran. Tenían su nombre, su lugar en el parnaso y descubrimos tempranamente con Nicanor (Parra) que los poetas han bajado del Olimpo. Y eso nos ecualizó, somos poetas. Tenés 75 años, sos Sabat Ercasty, sos un crá. Yo tengo 18, soy Juancito pero también soy poeta. Eso es como una paridad que tiene algo de fraternidad también. Y de amor al otro y a esa poesía del otro, de ese pope. Y fue muy lindo conocerlos, fue muy lindo tratarlos y leerlos y comprenderlos, sentirlos ¿viste? Eso fue muy lindo.

PdI: Leyendo el león, (“El León que Ruge en mi Paladar”, Yaugurú, 2015) uno se da cuenta que Miguel Olivera aún tiene mucho por decir. ¿Tenés miedo que algún día se acabe lo que tengas para decir o es algo que te tiene sin cuidado?

M.O: No, el único cuidado que tengo es tratar de hacer conocer la vasta obra inédita y desconocida que aún tengo. Por toda la producción carcelaria que fue muy intensa durante tantos años la he ido dosificando en publicaciones, combinándola con creaciones actuales. Entonces, tengo atrasos. He publicado mucho, he editado mucho y he tratado de publicar con cierto ritmo lo hecho anteriormente. El siguiente libro va a ser lo reciente. Y ese es un plan general pero no lo he podido cumplir. Es demasiado papel, demasiada obra acumulada y lo que estoy tratando de hacer ahora a mis 74 años es ordenar esos papeles, dejar para quien venga después y se le ocurra meterse en esos papeles, dejárselos ordenados. Algo así, sería ordenando mi trinchera final, una cosa así. Pero no, no. Creo que no se me va a agotar el estro, ni yo voy a agotar el estro. La poesía siempre tiene algo para decir nuevo. Tiene algo para decir, eeemmh... no se agota. Podrá agotarse el poeta, porque el poeta se muere, porque el poeta... pero la poesía sigue y va a seguir desafiando a los creadores, mojándoles la oreja a los creadores.

PdI: Y... te preocupa un poco a veces, el rumbo que lleva la poesía de hoy en día. Recuerdo escucharte leer tu poema “Panfleto” y hablabas de “poetitas” y “poemitas amariconados”, quizás o sin quizás, haciendo alusión a una falta de fuerza y compromiso de algunos poeta para con lo que la poesía debe ser, desafiante o provocativa ante a la realidad. ¿Es una preocupación real en vos?

M.O: Si, es una preocupación. Pero más que nada ese tono irónico de mi tratamiento poético, más que una crítica es como un llamado, es un desafío, es una exhortación. Porque se pierde la poesía política o se pierde la poesía de protesta, que son coyunturales que son circunstanciales... poesía de circunstancias, no por la poesía sino porque la causa social o la causa política se desmaya, se debilita, entonces si no hay una causa social o política no puede haber una poesía política y social, van emparentadas, caminan juntas. Entonces más que mi reclamo hacia los poetas que no hacen poesía revolucionaria, es a los hombres, al ser humano que no produce acciones revolucionarias. Que no revoluciona su realidad, que no la transforma. Mi crítica no es hacia la poesía sino hacia los procesos políticos que no alcanzan el cambio, que no llegan al cambio. El progresismo, el reformismo... es decir, no. El cambio social es la revolución. Y la poesía emparentada a los procesos va a ir acompañando esos procesos. La poesía no puede vanguardizar, puede ser una enunciadora, puede cantar la gesta pero no puede gestarla. El poeta canta la gesta, el militante gesta. El militante transforma la realidad... cuando puede.

PdI: Es necesaria una poesía combativa, siempre.

M.O: Combativa siempre en todos los terrenos, en el de la forma, en el de la estética, en el de la formulación, en el lenguaje. Esa es la revolución de la poesía. El tópico revolucionario, los temas revolucionarios que toque la poesía tienen que tener un vínculo con la realidad poética y política de su época. Si o hay una realidad política merecedora de un canto poético epopéyico... Si no hay epopeya no hay canto poético y la epopeya política es la transformación social.

PdI: Para terminar, una pregunta sencilla. ¿Hay algo sobre lo que nunca escribirías?

M.O: Pah... nunca lo pensé. Nunca lo pensé. Creo que he escrito sobre todo. En tantos años y de todas las formas.

PdI: O sobre quién, también podría ser.




M.O: También podría ser. Tampoco me lo planteé. He podido escribir a favor o en contra, sobre todos. Sobre todas las situaciones, los hombres, las personas y los fenómenos. Entonces, creo que no hay tema ni tabú ni prohibido para la poesía porque es quizá el ejercicio más libre de la literatura.


 NOTA: J.D.S. Mercedes 26/03/2007. “Generando DESDE el Interior”.

lunes, mayo 08, 2017

TERESA KORONDI: "TRANSITANDO LOS MEDIOS Y LOS BORDES DE LA POESÍA"

ENTREVISTA 5 – 26/03/2017





TERESA KORONDI: "TRANSITANDO LOS MEDIOS Y LOS BORDES DE LA POESÍA".
POETAS WHATSAPPEADOS. Ciclo de entrevistas de Poetas del Interior (PdI)

Caracterizada como poeta de culto, abierta a diferentes formas expresivas. Bella, exquisita, mujer de armas tomar. Teresa es una fémina para redescubrir permanentemente. No quedarse con la primera impresión. Ella no se quedará. Estudia el agua antes de largarse a la piscina. Redescubre todo el tiempo al/ los interlocutores y cuando ve seguridad... se zambulle. Y es un placer.

POETAS DEL INTERIOR: Una grata sorpresa para mí fue, primero descubrir y luego conocer en persona a Teresa Korondi. Si bien se ha movido por años en los círculos artísticos de Montevideo, para nuestro interior lejano de la capital su nombre no había llegado con fuerza. ¿Quién es Teresa Korondi?

TERESA KORONDI: Y bueno,yo... siempre me defino como poeta, pero poeta de la vida, en realidad. yo trato de alguna manera llevar la vida en poesía. Poesía remontándome a los orígenes ¿no? Etimológicamente hablando... a poiesis. Yo defiendo la creatividad de la gente. Defiendo la creatividad en cualquier ámbito. Entonces, cuando en el camino de la vida me encuentro con personas que de repente se achican y me dicen “yo no soy creativo” por ejemplo, yo digo... cómo no, todos somos creativos, porque todos resolvemos problemas día a día. Entonces ahí está la posibilidad de producir, de hacer cosas, de idear, de crear y bueno por eso parto desde ese lugar. Yo me defino desde ahí. Con lo que tiene ser poeta de la vida ¿no?, que no es todo maravilloso. Es un duro camino, un duro camino de equilibrio, hay que estar siempre transitando por la línea del medio pero uno se va para lo lados y se cae, tropieza y un montón de cosas y va aprendiendo.

PdI: Escuchándote hablar me fui acordando que a mí, particularmente, me cuesta mucho decir públicamente, soy poeta. Tengo la sensación de que a vos no te cuesta tanto y que lo llevas como estandarte. Con orgullo.

T.K: Totalmente. Pero mirá que no es tan viejo esto de que yo lo empecé a decir. Me costó porque para mí también la vida ha sido un camino, yo recurro mucho a la vida porque es lo que estoy haciendo en este momento, es lo principal, si no estuviera viva no pasaría nada de esto. Entonces, en todo el camino que yo he recorrido a lo largo de la vida, quizás en algunos momentos tuve que enfrentarme a cierta fragmentación. Como que yo trabajaba en determinada cosa, escribía por otro lado, era madre, hacia otra cosa, era amiga, y en un momento como que hice un clic y empecé a integrar absolutamente todo. O sea, fue como un camino de autoconocimiento y empezar a decir “yo soy la misma persona”... que escribo, que recito, que hago música, que soy mamá, que soy mujer, que soy un montón de cosas, que soy una rompepelotas, o sea, también puedo tener días malos pero sí, soy poeta. Yo me acuerdo que lo dije además, porque yo hacía... fue un proceso, una parte de un trabajo largo de donde yo estaba haciendo sesiones de armonización y danza. La armonización como un recorrido también de expresión, de expresión del cuerpo, de movimiento y de tratar de encontrarse un conector con el universo y con los otros. Parece muy mítico pero en realidad no es. Es una cosa de tomar conciencia, tomar presencia. Entonces me acuerdo que en esa clase, un fin de año, nos juntamos todos en el piso a charlar, nos hicieron presentar, no conocíamos todos pero no hablábamos mucho... bailábamos y nos tocábamos los pies y tocábamos el tambor, hacíamos caras como alienígenas y yo poniéndome a llorar dije, “yo soy Teresa y soy poeta” y a partir de ahí dije, “Ahh, esto es lo que soy” y bueno hace tiempo ya pero desde ese momento lo sentí.

PdI: Todos sabemos que es difícil ser poeta en Uruguay. ¿Cómo sobrellevás vos esa mística de ser poeta en este país y cómo es ser poeta en Montevideo, por separado lo pregunto.

T.K: Arranco por ser poeta en Montevideo que es como mi zona geográfica. Yo primero fui poeta en mí misma. Digamos que cuando me expuse, empecé a exponer lo que yo hacía, si bien fue en Montevideo, no fue estrictamente vinculado con la poesía, fue vinculado a las artes plásticas. Alguien leyó algo que yo escribía y, gracias a las redes sociales, las cosas se divulgan muy rápidamente y me invitó a participar a una muestra. O sea, yo no entré en el ámbito de la exposición poética a través de la poesía. Sin embargo ya había entrado en Buenos Aires, o sea que yo empecé a ser poeta afuera del país. Cuando entré... esta es una discusión que yo tengo con muchos amigos que también escriben o que son o no poetas o se consideran o no poetas o están en otras artes también haciendo otras cosas y siempre está esa conversación sobre la endogamia, sobre cómo en el ámbito de la poesía por ejemplo, o en las artes en general, pero yendo estrictamente a la poesía, son los poetas que van a ver a los poetas que van a ver a otros poetas y se retroalimentan y se invitan, entonces es difícil integrarse a eso. La discusión es que yo en un punto, no quise pertenecer a eso. Me dije, “no, yo no pertenezco a esto, yo me corto sola, yo voy a mostrar, voy a mostrar”. O sea, empecé a mostrar pero en realidad me di cuenta que también necesitaba al otro, necesitaba de la endogamia también y empecé a acercar la patita, porque las cosas no vienen solas. Empezás como a adaptar el cuero, a correrte, a mostrar más las cosas, a tratar de ser mejor, a hacer tus propios proyectos y que resonaran porque los proyectos iban resonando porque a medida que vas creciendo... no siempre sos bueno, a medida que vas creciendo te vas perfeccionando, te ve uno, te ve otro, te escuchan y ahí empieza la cosa. Entonces ahí fue cuando entré en Montevideo. Uruguay para mí también es un misterio, salir de Montevideo. Quizás con las redes a mí me ha resultado muchísimo más fácil salir hacia afuera, sobre todo a Argentina, no solamente Buenos Aires... porque generé un montón de contactos y porque empecé a apreciar, a aceptar a otras personas y poder compartir, porque de eso se trata, y con el interior y con el resto del país, me está pasando eso. En la medida de la apertura de uno, de que uno acepta, se integra... porque está en uno también integrarse, en buscar, buscar la oportunidad y acercar nuevas voces. Yo creo que lo que falta es eso, yo me incorporé de esa manera y me parece que lo que falta es como acercar frescura en todos los ámbitos y en la poesía falta y es responsabilidad de todos los que estamos haciendo algo con esto.

PdI: Haceme una breve reseña de lo que ha sido tu carrera, por así decirlo, sea en poesía o en el ámbito artístico en el que te hayas movido hasta hoy, que sé que son varios y llegando al libro que estás presentando ahora “La Enunciación”.

T.K: Bueno, mi recorrido empezó realmente en la música, como front woman (risas) de bandas, de bandas de rock. Además integraba, allá por los noventas, grupos bastante under, que se movían en el circuito más... (piensa), sí under de Montevideo y que tocaban con bandas interesantes... acompañaba, ¿no? Mi proyecto o el proyecto que yo integraba, nos subíamos al mismo escenario que otros, no sé, que marcaron cierta historia como Loop Lascano con la famosa canción Gris, y nosotros compartimos escenario... o con Bufón y hasta, si en algún momento escuchaste hablar de la banda Sórdromo, bueno yo fui vocalista por un mes de Sórdromo porque Sórdromo tenía una mujer vocalista. Mi primer proyecto se llamaba Dalila se Puso Loca y fue ese un proyecto de rock más tirando a grunge, alternativo. Todos estos proyectos eran en el marco de otras actividades que yo hacía, no era lo rentable, no era lo que me daba de comer. Entonces bueno, también nos pasaba a todos lo mismo y así se hacía más difícil que fueran relaciones a largo plazo. En las bandas siempre más de dos personas... más de una persona ya es pelea ¿no? Hasta uno mismo se pelea con uno mismo así que imaginate. Entonces seguí con un proyecto de pop, un proyecto de folclore urbano, Planeda, que fue hermosísimo porque era contrabajo guitarra y voz y llegamos a tocar en El Galpón para setecientas y pico de personas en el marco de la movida joven. Después seguí involucrada con la música pero como estaba escribiendo mucho también empecé a darle más pelota a esa parte más poética entonces sumé a uno de los guitarristas, con el cual había tenido los proyectos anteriores y creamos este dúo que se llama Bo Deville y en ese proyecto lo que hicimos fue estructurar la poesía desde un formato canción, no tan canción, es una poesía mixturada porque tampoco es poesía cancionada. Tiene un marco de recitado muy fuerte y también eso como un proyecto de poder accesibilizar la poesía, hacerla traspasar algunas fronteras y que no quedara solo en el ámbito de los lectores de poesía o de lo literario. Ahí empecé a acompañar a artistas plásticos que me llamaron porque veían lo que estaba haciendo. Acompañé una muestra de un plástico de Mercedes, Gastón Izaguirre. La muestra “Húmedas Mujeres” allá por 2010. Después, como estudiaba fotografía, hice un poemario acompañado por fotografías mías llamado “Underword” (La Palabra Interior), también otro poemario “Inventario de Mujeres sin Registro” con una artista plástica de España, Argentina pero que estaba viviendo en España hacía muchos años. Recitando. Gracias a las redes, integrando un colectivo literario argentino, “Las Puntas del Clavo” que hicieron una antología poética, que nos presentamos en un montón de escenarios en la otra orilla y con el disco “Bo” que también fui a Argentina a presentarlo, o sea... y voy fluctuando, un paso por estos escenarios hasta ahora lo más reciente que fue la presentación de La Enunciación, de la mano de Yaugurú, lo más reciente.

PdI: “La Enunciación” es un libro muy especial. Iba a decir poemario paro no me animo. Definímelo vos y decime qué es “La Enunciación”.

T.K: Mirá yo lo definí, cuando me preguntaron, como una “narrativa prosaica” le llamé yo, porque quise hacer una mixtura entre lo que es la prosa poética pero tiene alguna cuestión medio entre relato poético, es muy border... pero yo me quedé con lo que me dijo el Cristo (Miguel Olivera) que cuando él me lo describió, lo desmenuzó, en realidad porque no lo describió, cuando lo leyó y me dijo tanto detalle de su experiencia con “La Enunciación”, trató de definirlo y me dijo “¿Qué es esto? ¿Qué género literario es? ¿Es poesía, es narrativa? ¿Es prosa poética?” y dijo “¿Es transgénero?” y yo digo... sí, es transgénero. Es una experiencia poética, en realidad. Un ensayo, digamos.

PdI: No podemos nunca decir, no es poesía. La poesía está incluida. Después que lo definan como quieran, pero tiene poesía. Su alma es poética. Su espíritu estructural es poético. Y juega con aquello de romper con las clasificaciones que nunca son sanas tampoco.

T.K: Exacto. Yo a lo largo de todo lo que he hecho en cualquier forma de expresión ha sido como romper un poco esas barreras. Tratar de transitar más por los bordes y pasarme de un lado para el otro porque también esa es una forma, primero, de aprender más, de integrar a otros que vienen de otro palo de repente y que no se animan a acercarse a esto porque dicen: “ah, la poesía... no sé”, tienen la idea de la poesía que te hacían leer en la escuela, vienen con esa cabeza. No porque fuera mala, porque tenemos unos autores interesantísimos pero el problema es la forma en que nos enseñaron, sobre todo las generaciones más grandes. No sé que está pasando ahora a nivel de poesía en las escuelas.

PdI: Tu actividad dentro del arte no se limita a la poesía y a la música. Acabo de ver tu presentación acá, en el Alti/yo del Loko, en Mercedes e interactuás mucho con otras formas expresivas contemporáneas, te gusta mezclarlas, un poco de performance con interpretación corporal, voz cuerpo y poesía, música. Cantás también. Pasa un poco por lo que sucede en lugares como Montevideo y que pasan menos por acá en el interior.

T.K: Sí, justamente esa es una de las cosas que me olvidé de decirte antes. Yo desde hace más o menos tres años arranqué una serie de seminarios con una docente que se llama Isabel de la Fuente, que es montevideana pero está viviendo en Buenos Aires, es actriz y ella desarrolló estos seminarios que se llaman Cuerpo de Letra y yo un poco los empecé a hacer con el afán de aprender otras formas también de decir la poesía. Que no fuera solamente desde el recitado si no que fuera comprometer el cuerpo y también transitar la escritura desde el cuerpo y viceversa. Porque a partir del movimiento también surge la palabra. Entonces creamos una especie de movimiento, de grupo que tiene el mismo nombre, se llama Cuerpo de Letra. Estamos ensayando porque vamos a preparar una actividad que se va a presentar este año y justamente, yo creo que lo que estoy tratando de hacer es una poesía más escénica que comprometa más sentidos, que comprometa todos los sentidos o lo que más se pueda a nivel de sensibilidad porque también es una forma de retener la atención. Yo creo que es super importante. La poesía es clave, la escena es clave porque si no se pierde mucho de lo que se está diciendo también. Hay montón de lectores y escritores que solamente desde la palabra pueden mantener la atención y yo respeto absolutamente todas las formas, pero desde mi lugar yo entendí que necesitaba hacer un combo. Yo quería presentar a la poesía como un todo. No es... la poesía es lo que escribo y lo que hago con el cuerpo es expresión corporal y lo que hago con la voz es canto... ¡No! La vida es poesía y para mí es eso. Aprendamos a vivir en poesía.

PdI: Igualmente para eso se requiere cierta preparación, una disposición que yo no creo que tenga. Te tiene que gustar, tener una preparación desde la actuación, desde el dominio del público, desde la capacidad y eso también se trabaja y se aprende.

T.K: Sí, lo que pasa que en mí, el hecho de ya haber transitado por la música y haberme subido a algunos cuantos escenarios. Las primeras veces habré subido a tocar, que tocaba para veinte o treinta personas, habré tocado para cinco también alguna vez, pero el haber llegado también a tocar en El Galpón para setecientas personas o haber tocado en la Zitarrosa, como el año pasado, abriendo el show para Alejandra Wolf, la ex vocalista de La Tabaré, aparte nos integramos también en eso, nos invitó a tocar su banda, para el lanzamiento de su disco y abrimos con el proyecto este, o sea, fijate qué loco, que un proyecto de poesía y canción abría ¡un show de rock! Lo que te cuento tiene que ver justamente con que ya hay como una escena que sigo explotando, como que ya perdí el miedo. Nervioso te ponés siempre, no importa porque todos los públicos son distintos y vos tenés que manejarte frente a uno que te bosteza, uno que mira el teléfono y vos no podés perder eso. Yo también trabajé en publicidad muchos años y tuve que hacer presentaciones para públicos de los más diversos, clientes de lo más rompepelotas que te estaban mirando así, con la vara crítica todo el tiempo y vos tenías que estar ahí manejando el cuerpo, manejando la emoción y seguir adelante con lo que fuera. Pero requiere, sí. Requiere que también... hay gente que no es lo suyo, que no te sale... yo no sé pintar, no puedo pintar ni una pared, por ejemplo.

PdI: Desde cuándo está la poesía en vos.

T.K: Vos sabés que lo primero que escribí yo, yo tenía unos diez u once años, ta, antes no me acuerdo (risas) pero seguramente no escribía, leía mucha poesía también, o sea tenía acceso a libros en realidad, pero desde el momento que yo empecé a escribir fue como a los diez u once años que no sé por qué me dio por hacer hasta una investigación y me vino como una cosa medio espiritual y estuve escribiendo sobre el Arca de Noé, no tengo ni la más puta idea de por qué, porque además yo ni siquiera soy bautizada, soy agnóstica, o sea, para mí era rarísimo todo pero me dio por escribir a esa edad por ese lado. Después me di cuenta que me atraía mucho ese costado más poético de los autores. A la poesía yo la asocio bastante con lo oscuro, entonces me encontré con Césare Pavese, los decadentes, yo que sé, Verlaine, Rimbaud, Baudelaire. Entonces entré así como lectora y después, nada, se fue dando porque yo venía escribiendo y ta, me salía naturalmente.

PdI: ¿Predomina alguna de las artistas que tenés dentro o son siempre una combinación de cada una?

T.K: Me siento más poeta. Poeta, poeta. Sí, sí, yo soy poeta. Yo soy poeta, todo lo demás es como un condimento o una forma de sublimar la poesía.

PdI: ¿Sobre qué nunca escribirías o para quién nunca escribirías?

T.K: No, mirá... yo escribo, en realidad. Yo escribo, o sea, yo soy una convencida de que una vez que eso queda escrito en algún lado eso ya no te pertenece, eso ya es del otro, entonces desde el momento que vos decidís escribir, salvo que tengas como una máquina de escribir en la cabecita y eso no salga nunca para afuera, pero desde el momento que eso queda en algo... te lo dictaste en el teléfono, lo pasaste a un papel o lo que sea, eso ya no te pertenece y es de alguien. Yo escribo para todo el mundo. Después está en cada uno si lo lee o no. No me condiciona el lector, digamos. Sí, si bien yo tengo una fuerte convicción de que todo el arte es político y tiene un fuerte contenido político y yo tengo un fuerte contenido político, yo no soy una poeta explícita de la política.

NOTA: J.D.S. para Poetas del Interior.
Mercedes 26/03/2017

miércoles, abril 12, 2017

DANIEL QUINTERO: "UN ANIMAL POÉTICO"

ENTREVISTA 4 – 25/03/2017
DANIEL QUINTERO: "UN ANIMAL POÉTICO".
POETAS WHATSAPPEADOS. Ciclo de entrevistas de Poetas del Interior (PdI).

 Autoproclamado el Primer Anti-Macrista de la Argentina, Daniel Quintero es un ser agudo y auténtico, que no da muchas vueltas para decir lo que piensa y actuar en consecuencia como pregona. Voluminoso en cuerpo y alma, la figura de Quintero es intensa y avasallante, amigo de los amigos, se juega todo por su entorno y su poesía y defiende hasta las últimas consecuencias tanto a sus afectos como a sus convicciones. Una entrevista para paladear y leer con atención. Adelante, sean todos bienvenidos.

POETAS del INTERIOR: Daniel, si tuvieras que describirte para aquellas personas que no te conocen. ¿Qué les podemos decir sobre quién es Daniel Quitero?

DANIEL QUINTERO: Un animal poético. Mastico todo lo que se me viene a la cabeza antes de escribir. Muchas veces lo escribo directamente, muchas veces lo grabo, como estamos haciendo ahora... en el audio de lo celulares que vienen bien para estos casos. Lo que yo pretendo y estoy tratando de hacer hace mucho tiempo es que todo tenga destino de papel o destino de poema. Destino de poesía, en definitiva. Las simples cosas que uno puede advertir por la calle o las complejas cosas que podemos vivir en nuestros países, en nuestra región son facilitadoras de ser poesía. Esa es mi pretensión.

PdI: Vos me hablaste de “materia poética” y sé que todo puede llegar a ser poesía llegado el caso. ¿Cuáles son las cosas que te inspiran más y cuáles son las que te dan más bronca y que querés dejar plasmadas en un papel o en un texto poético?

D.Q: Bueno... yo vengo de la ciudad de Buenos Aires, de la Argentina. Estos tiempos que estamos viviendo ahora... estamos en el año 2017 con esta alternativa de gobierno bastante deficitaria, a lo que estamos viviendo en mi país, en la región, es un poco lo que nos pone alerta en tratar, sin ser panfleto, de plasmar el tiempo que se vive. No desde el punto de vista de crónica periodística, si no siempre hablando de poesía, pero movido por esta incertidumbre, movido por el desprestigio que está teniendo mi país, y cuando digo mi país digo mi continente, americano, sudamericano, que está teniendo en mano de estos políticos, bah.. no políticos, en mano de estos empresarios que nos están gobernando, ¿no?

PdI: Sos un ser muy politizado, yo te conozco. ¿Considerás que esa politización se refleja en tu poesía o está ajena a ella?

D.Q: No, no... está presente. Aparte pretendo que sí esté presente y que se note pero como te decía antes, se note desde una manera poética y no que sea un panfleto y no que sea una catarsis panfletaria o política sobre las cosas que nos pasan o que vivimos. De todas formas mi poesía en estos momentos no está exclusivamente condicionada por el tiempo político social que estamos viviendo, también en algún momento me desinflo, descanso, y trato de refugiarme sobre todo en la infancia, sobre todo en el barrio y tratar desde ahí rescatar algún texto que surja de la memoria, de esas cosas vividas de chico, de joven que hacen a la ternura, que hacen a esa parte, si se quiere, romántica, de lo bueno que cada uno vivió en su infancia o en su adolescencia.

PdI: Unido a eso que me decís, está bueno preguntarte si crees que exista la poesía combativa, una poesía que ataque el establishment y todo aquello que sea malo para la gente o la poesía debería estar al margen de eso.

D.Q: Como te decía antes, yo me considero un animal poético que pretende involucrarse en el tiempo que vive y dejar en lo que va a ser esa poesía que está escribiendo en estos momentos, una pauta, una muestra del tiempo que vivió. A mí no me interesa la lírica por la lírica en sí. No me interesa esa lírica que tal vez trascienda dentro de doscientos años porque no es algo que esté en mis pretensiones...

PdI: Por el solo hecho de ser bello y nada más...

D.Q: Por el solo hecho de ser bella y nada más. Yo creo que una poesía combativa como vos decías, es una poesía comprometida con el tiempo que uno vive en lo que es también la parte de ser un animal poético, un animal político, tiene que dejar... bueno, no lo digo como una verdad absoluta, lo digo como una verdad en la que yo estoy militando o involucrado, dejar plasmado el tiempo que se vive y decir: bueno, este poeta, que soy yo, este animal poético y político que soy yo, en el tiempo que le tocó vivir dijo estas cosas.

PdI: ¿Cómo llegó Daniel Quintero a la poesía o la poesía llegó a Daniel Quintero?

D.Q: Bueno... Hay un poema que se llama Cerebro Mágico, que está publicado en Malhoja, que es un poco el poema que muestra el por qué yo me dediqué a escribir que está relacionado con el oficio de mi padre, mi padre era carnicero. Cuando era chico, había un juego que se llamaba El Cerebro Mágico, que en una de esas plantillas que se colocaban sobre el circuito, decía “¿El padre de qué poeta era carnicero?” y era William Shakespeare. Yo tendría siete u ocho años y dije, bueno, si el padre de Wiliam Shakespeare era carnicero, mi padre es carnicero, yo voy a escribir poesía. Lo dije así como una cosa de chico, pero se ve que en algún momento eso fue una sentencia para mí y, bueno, terminé escribiendo poesía, terminé involucrándome en este oficio. Después supe con el tiempo... dicen los psicólogos, que el padre es el que marca en el hijo varón el oficio. Tal vez mi padre sin saberlo marcó este oficio de la poesía y bueno, acá estoy en esta lucha en este trabajo.

PdI: ¿La poesía salva?

D.Q: La poesía salva, condena, alimenta, te hace pasar hambre, te abriga, te hace pasar frío. Yo creo que es una completitud necesaria... muchas veces nos salva, otras veces nos condena.

PdI: Y a Daniel Quintero, ¿lo salvó?

D.Q: A mí me salvó pero... bueno yo te decía antes, cuando estábamos en la mesa, yo estuve diez años sin escribir porque estaba haciendo otras casas, hubo mudanzas, la construcción de una casa, esas cosas... por estar ocupado en otras cosas, que bien tienen que ver con la poesía y que si bien tienen que ver con un tiempo donde yo sabía que iba a volver a escribir. Lo que pasó fue que la parte en que la vida, la poesía o la muerte me vuelve a la poesía fue el hecho de un amigo, un poeta inmenso, Manuel Salazar, que murió en mis brazos el primero de enero del año 2010 en mi casa. Y ese hecho creo que fue el que me vuelve a meter en la poesía después de diez años sin escribir.

PdI: Y el poeta anterior a esos diez años y el posterior a esos diez años, ¿es el mismo?

D.Q: Bueno, el poeta anterior a esos diez años... el último libro que publicó fue en prosa poética, un libro que se llama “Crónicas Fatales Escritas Desde la Luna”. El anterior también fue otro libro de prosas poéticas que se llama “Cementerio de Payasos” que casualmente está inspirado en un tiempo político y social similar a este que estamos viviendo. Por eso el libro este 0 Killed, tal vez sea una continuidad en la propuesta, de esa pretensión de marcar el tiempo que uno vive, que vengo trayendo desde esa publicación de “Cementerio de Payasos”, que fue en el año '97 en un momento político y social de la Argentina o de nuestra región similar a este que estamos viviendo hoy en 2017.

PdI: Saber de dónde había venido la expresión “O Killed”, que es el título de tu último libro, fue toda una revelación para mí. Al principio me dio mucha curiosidad y cuando lo tuve en la mano supe lo que era. ¿Te animás a explicarlo para aquellos que no lo han podido leer aún?

D.Q: Yo tengo un amigo en la ciudad de La Plata, en la Provincia de Buenos Aires, un gran poeta que ahora va a presentar un gran libro que se llama “La Infancia de Iván”, Vladimir Jantus Castelli, que tiene la costumbre cuando está hablando contigo, en el chat del Messenger, por ejemplo, cerrar las conversaciones diciendo OK. Yo por ahí en ese punto, comparado al ok uso el “ta” que usan ustedes los uruguayos o el “meta” que usan los Santiagueños, de la Provincia de Santiago del Estero, los españoles dicen “vale” o nosotros decimos “dale”. Entonces dije... uhh, ¡Qué loco! Porque el Ok viene del 0 Killed. De la expresión esa de la guerra civil norteamericana, donde volvían las tropas del frente de batalla y ponían “0 killed” en una pizarra, queriendo decir cero muertos, cero asesinados que después se abrevió 0k. Después con el tiempo ese 0 (cero) termina en O (letra o) y deriva en el Okey. Que es el okey que hoy deriva en el Ok hoy se usa habitualmente. Esa es una versión que es la que yo tomé para darle a “0 Killed” libro, el espíritu que yo le quise dar. Hay otra versión que dice que el Ok deriva de unas leyendas que se ponían en los telégrafos, en esa época donde el lejano oeste se estaba poblando. Pero esta de la guerra civil norteamericana es la que me pareció más acertada al espíritu del “0 Killed” libro.

PdI: Cero K, cero muertos. ¿Quién no murió en tu libro y quién debería haber muerto?

D.Q: Bueno, la intención es que no muera nadie pero creo que un poco en lo que llevamos de gobierno de Mauricio Macri, morimos todos un poco cada día. Morimos todos un poco cada día. En virtud de los despidos que hay, en virtud de las empresas que cierran, de la gente que se queda sin trabajo, de la pobreza que aumenta, de todas esas oportunidades que se van perdiendo, de todo ese plan de exterminio social que hay sobre todo para los trabajadores y para las clases más castigadas de la sociedad. Los que deberían haber muerto, tal como me preguntas, creo que en eso tendría que dar nombre y apellido y no me parece oportuno.

PdI: Siendo un ser que lucha intelectualmente contra el tipo de gobierno que tiene tu país actualmente, sin perder de norte a la poesía, y dado que hubo un período en que los gobiernos de izquierda tuvieron su momento de auge en el continente y tienen todavía, ¿Tenés miedo que lo que sucede en Argentina, según como vos lo ves, se propague por el resto de los países?

D.Q: Bueno, yo ahora en el mes de octubre estoy invitado a participar en el Festival de Poesía de Guayaquil en Ecuador. Ecuador dentro de poco se va a debatir en la segunda vuelta electoral por si su candidato Lenin (Moreno), que fue Vice Presidente de Correa, gana la segunda vuelta o gana Lasso, que es la propuesta conservadora neoliberal, cuasi macrista que tiene el Ecuador. El otro día veía en el muro de la gente que me ha invitado al festival un video donde artistas e intelectuales argentinos aconsejan o les dicen a los ecuatorianos qué peligros correrían si votan propuestas neoliberales o propuestas de esta ultra derecha que está metiéndose de a poco en nuestro continente. Espero que el pueblo ecuatoriano vea y tome con experiencia esto que nos está pasando a nosotros y opte por seguir con un gobierno que, seguramente tenga sus falencias, sus decadencias y sus pormenores pero en ese desarrollo son cosas que se pueden corregir. Votar por candidatos como Macri y que logren el gobierno, es entregar el país de pies y manos. Es ponerlo en una situación irreversible de retraso del cual va a se difícil salir porque por más que estos gobiernos populistas, como los llaman, o de izquierda o de centro izquierda, tengan sus problemas, hayan tenido episodios de corrupción, son cosas que se pueden corregir. La respuesta a eso es la total corrupción porque estos gobiernos de derecha que tenemos es lo que siempre pasó en Argentina, en Uruguay, en todos lados y no hay margen de corrección con estos gobiernos, o sea, con los gobiernos populistas como los llaman, con los gobiernos progresistas, pseudo progresistas, lo que sea, hay un margen de corrección. Con estos gobiernos conservadores, ultra capitalistas, no hay margen de corrección. Porque si la propuesta de su política económica es despedir gente, es la inflación, es favorecer a las empresas no creo que quede mucho margen para corregir su rumbo económico en función de beneficiar a un política social de todo el pueblo.

PdI: Para no salirnos tanto del carril de la poesía, te pregunto, ¿sobre qué cosas nunca escribirías?

D.Q: Hay un poeta en Buenos Aires, que no voy a dar el nombre, que tiene un poema que se llama “El Amigo de Hitler”. Yo creo que nunca le escribiría un poema a Hitler. Es un poema extenso, creo que tiene 38 páginas, innecesario, innecesario por completo. Yo no soy de los que creen que la poesía salva todo en función de que la poesía nos une, que es una gran familia y todo eso. Hay poetas que no merecen mi mínimo respeto. No porque no tengan calidad poética, sino por este caso que te digo que le escriban poemas a Hitler, por ejemplo. Más allá de que pueda ser un buen texto en lo literario o no, cosa que no creo que sea, yo lo leí, pero me parece innecesario. Está bien, todos somos libre de escribirle a quien queramos pero no lo haría. Ojo... y tampoco yo le escribiría un poema a alguien que merezca mi simpatía o mi apoyo en lo político o ideológico. No, no me parece. Por ahí lo hago desde algún otro lugar pero no lo haría como le escribió Neruda una Oda a Lenin o a Stalin. No estoy en contra, tampoco estoy en contra que lo haga este hombre que le escribió un poema a Hitler. No haría como Luis Franco que le escribió un extenso y excelente poema a León Trotsky. Luis Franco un poeta catamarqueño. Es un poema a León Trotsky hermoso, bello, desde lo ideológico, desde lo político y desde lo literario pero no lo haría. No sé. No lo haría ahora, no es algo que yo tenga en carpeta,digamos.

PdI: Me interesa mucho, ya que estoy de este lado saber ¿Qué pasa con la poesía en Argentina? ¿Qué pasa con la poesía en los medios y lugares donde vos te moveś? ¿Qué pasa con la poesía y el entorno artístico... se le da bolilla, no se le da bolilla? ¿Tiene el lugar que debe tener en el ambiente artístico o siempre predominan otras artes y la poesía queda a mitad de camino sin ocupar un sitial importante?

D.Q: Bueno la poesía corre en desventaja frente a la música, por ejemplo porque la música tiene ese poder de difusión que es la radio, la televisión. Por lo cual también tiene organizado un comercio que es SADAIC y todas esas asociaciones que recaudan para distribuir en los músicos la difusión de sus canciones. En ese punto corre en desventaja. Pero la presencia que la poesía tenga en la sociedad argentina es bastante importante porque hay muchos ciclos literarios, no solo en Buenos Aires sino en todas las ciudades. Muchos movimientos poéticos. Está desde lo que puede ser la poesía de las señoras del té de las cinco hasta la poesía under de los lugares más contestatarios, de los lugares más sórdidos de las ciudades. También está toda esta movida de poesía oral que le llaman Slam que está generando un movimiento bastante importante y no solo de gente que la escribe y la dice sino gente que va a presenciar que va como escucha a presenciar esos espectáculos. Hay un movimiento poético, incluso también acá, en Uruguay. Hay un movimiento poético muy grande y variado por suerte en la poesía en estos días, en estos tiempos.

PdI: No tiene el marketing que tienen otros espectáculos.

D.Q: Claro, pero nunca lo tuvo. Por ahí nunca lo tenga salvo que la poesía se meta en la canción y alguien la grabe como fue el caso de Tejada Gómez, con Favero, como fue el caso de Benedetti, como es el caso de Silvio Rodríguez, que es un gran poeta y hace sus canciones. Que alguien tome los poemas de Neruda, por ejemplo y les ponga música como hizo Víctor Heredia o como hicieron con los poemas de José Martí, Pablo Milanés o Daniel Altamirano. Que lo hagan canción y esa canción factura, porque en realidad la diferencia entre la poesía y la canción es que la canción factura. Porque la canción tiene un plafón organizado en cuanto a decir, bueno: se canta este tema, se difunde por la radio, se hace una planilla y se cobra o en un recital se hace una planilla y se cobra. Entonces la canción factura en cualquier género, la poesía no. La poesía no tiene esa plataforma, no tiene esa organización como para decir: se difunde y se cobra. La canción tiene todo un aparato a su alrededor funcional a que sea difundida porque hay un montón de gente que de esa facturación trabaja y vive.}

PdI: Podríamos decir que por suerte la poesía se mantiene en ese nivel y no entra en ese marketing.

D.Q: Sí... podría entrar sin perder su calidad, sin perder su pretensión, sin perder su postura. De hecho ha entrado. El cancionero popular argentino, el folclore renovado por lo que fue Tejada Gómez con César Isella o Tejada Gómez con otros músicos que han musicalizado sus poemas, generaron una revolución bastante importante en el folclore. Esos poemas de Hernando Tejada Gómez se hicieron canción, son difundidos dentro de esa organización de facturación de la canción que no la tiene la poesía por la poesía en sí.

PdI: La expresión clásica “La poesía no se vende porque la poesía no se vende”, ¿estaría en esa línea? ¿Qué reflexión te provoca?

D.Q: Lo que pasa es que donde la historia jugó su gran lucha, sea la Guerra Civil Española o la Revolución Bolchevique o todas las luchas independentistas de nuestra América o todos los conflictos revolucionarios que tuvieron los países de nuestra América, tanto acá en Uruguay, en Argentina, en Chile, en Nicaragua, en Colombia, en México, la poesía siempre fue esa voz de contar y cantar lo que estaba sucediendo. Es un poco lo que hablábamos antes de cual era mi pretensión en la poesía sobre el estar involucrado o comprometido con el tiempo que se vive. Ojo, yo no lo pongo como condición, yo no estoy diciendo que el poeta tiene que ser un ser comprometido con el tiempo que vive. Cada uno sabe qué es lo que tiene que hacer con su voz poética, con su intención poética y con su pretensión poética. Mi intención poética es esta, estar comprometida con el tiempo que vivo.

NOTA: J.D.S. para Poetas del Interior.


lunes, marzo 20, 2017

EN ALGÚN MOMENTO DEL TIEMPO, EN ALGÚN MOMENTO EXISTENCIAL... ESCRIBIENDO. Fernando Rocha

ENTREVISTA 3 – 18/02/2017
FERNANDO ROCHA: "EN ALGÚN MOMENTO DEL TIEMPO, EN ALGÚN MOMENTO EXISTENCIAL... ESCRIBIENDO".
POETAS WHATSAPPEADOS. Ciclo de entrevistas de Poetas del Interior (PdI).

Flaco, garboso, profesor exigente, poeta dedicado de elaborada versificación, salteño nacido un 6 de enero, por lo que siente que le deben el doble de regalos desde su más remota infancia. Rocha pelea intelectualmente o quizás, virtualmente, contra las fuerzas ocultas de un departamento que sufre y disfruta de grandes mentes literarias que han marcado y ahorcado la creatividad y la trascendencia de sus autores a lo largo de 100 años. Bendición y maldición de un autor comprometido, desde lo pedagógico, con su arte. Con 4 libros en ristre sus molinos de viento aún están muy lejos porque no cree en imposibles y con ello se aferra al porvenir. Están convidados a conocerlo.


POETAS DEL INTERIOR: ¿Quién es Fernando Rocha?

FERNANDO ROCHA: ¿Quién soy? ¡Qué pregunta, eh! Amplísima, ambigua. Todavía me estoy respondiendo eso. Tratando de saber quién soy. Ehhh... socialmente, podríamos decir, soy alguien que nació el 6 de enero. Que se ha dedicado a la enseñanza desde hace 16 años. Técnico en instalaciones eléctricas y Profesor de Lengua y Literatura, lo cual combina poco pero... es la realidad. Y ahora, desde un tiempo a esa parte desde que presenté mi libro, mi primer libro en 2004, soy alguien que le gusta escribir y le gusta mucho el tema de la escritura.

PdI: ¿Cómo entraste al mundo de las letras, sobre todo de la poesía?

F.R: La entrada fue una entrada rara. Terminando mi curso de instalación eléctrica que nombraba hace un rato, tuve dos maestros, profesores que... uno me mostró a José Martí y el otro me trajo una vez “Las Venas Abiertas de América Latina” para que yo leyera. Fue mi primer gran acercamiento. Ahí creo que había algo oculto de todo lo que había sido primaria y el hecho de que, si bien leía, en mi casa no había textos, no había libros propiamente, sino más que nada revistas... un Dartagnan que mi abuela coleccionaba o siempre tenía, un Paturuzú y algunos Charoná o Moñita Azul que se iba incorporando por tener un kiosco muy famoso en la ciudad de Salto en la esquina de la escuela a la cual concurría. Después eso me empezó a interesar mucho y a los 19 años empecé a escribir compulsivamente por una necesidad vital, una válvula de escape y creo que hasta hoy también es en muchos casos una válvula de escape, pero de ahí el salto a poder publicar y mostrar lo que yo escribía, fue un camino bastante arduo, temeroso, doloroso por momentos. La indiferencia es grande en muchos casos, el hecho de creer que hay una exposición que puede ser dolorosa, que puede ser hasta angustiante, hasta que en el 2004 me animé a publicar mi primer libro, mis dos primeros libros son libros de autor, de una editorial que no preguntó demasiado, lo único que quería saber era cuantos textos y cuántas hojas necesitaba y si la tapa era a color o en blanco y negro y ya con eso estábamos hechos.

PdI: Antes de entrar de lleno en la poesía, que es lo que nos convoca, contame un poquito sobre tu actividad docente y lo que implica el trabajo con alumnos jóvenes.

F.R: Bien, este... terminando mi carrera de instalación eléctrica, vuelvo al punto de partida porque ese fue un año muy emblemático, fue el año 1997, se aprueba una ley que validaba el bachillerato de UTU y lo igualaba con el bachillerato de secundaria, lo cual me habilitaba para hacer una carrera terciaria. Mi primera intención fue ser maestro técnico, cosa que no podía hacer en Salto porque estaba la carrera en Paysandú y no podía mantenerme económicamente, pero resulta que había aparecido justamente el CERP del litoral y a mí me gustaba... me había empezado a gustar mucho el tema de la historia preferentemente... y había una apuesta por la literatura interior que yo quería hacer y bueno... mi profesorado era doble, Lengua y Literatura y una vez que empecé a estudiar y encontrarle el gusto a un montón de cosas, también fue muy importante la presencia de algunos profesores y el hecho del teatro, algo que siempre me ha atraído, me ha gustado, y después con mis estudiantes más adelante hemos hecho recitales poéticos y obras de teatro, adaptaciones y eso me gusta mucho. Empecé a trabajar con estudiantes de secundaria... Nunca pude ingresar en UTU, paradójicamente toda mi formación fue en UTU superior y nunca pude entrar en UTU, porque había, de estos dinosaurios que siempre tenemos, había una inspectora regional que detestaba a los estudiantes del CERP entonces rechazó todas las carpetas y recién hasta el año 2005 – 2006, no se pudo ingresar, al menos en lo que es el departamento de Salto. Entonces yo presenté la carpeta dos o tres años y después no la presenté nunca más... en UTU. Trabajando en secundaria me fui adaptando, cada vez trabajando menos con Idioma Español, Ciclo Básico y trabajando más con Bachillerato y a partir del 2003, mi entrada al nocturno del Liceo N°1 creo que cambió muchas cosas. Encontré un campo idóneo, un lugar donde me sentía muy cómodo y eso se complementó en el año 2008 trabajando en cárcel, desde esa fecha hasta ahora estoy trabajando en cárcel, y ambos fueron y siguen siendo lugares (nocturno y cárcel) de libre expresión, donde me siento cómodo y todavía tengo un grupo de estudiantes que siguen algunas de mis locuras pero que tiene que ver todo, vinculado directamente a lo que es el teatro, manifestaciones teatrales, el arte en general. Tuve la oportunidad en 2005 de hacer un post grado de arte por el MEC. Eso también me ayudó. He hecho intervenciones artísticas urbanas. Pero siempre necesito de gente que quiera acompañarme y los estudiantes han sido fieles en eso, sabiendo que no es una retribución personal o una nota pero siempre han sido fieles. Y... bueno, y por ahí voy, ahora desde el 2011 en adelante estoy trabajando en el Centro Regional de Profesores y también, me ofrece otra mirada a los futuros profesores, las nuevas generaciones, cómo nos ven a nosotros, cómo nosotros veíamos a los profesores y cómo a su vez, estas nuevas generaciones ven a los futuros estudiantes y es una lucha constante pero muy interesante porque me mantiene despierto y yo creo que una de las cosas por las que ingresé a un tercer nivel era porque no quería anquilosarme, o sea quedarme en el tiempo y si me voy a convertir en un dinosaurio, bueno, se dará de manera natural pero no porque no haya peleado para evitar eso (risas).

PdI: ¿Cuanto del Profesor hay en el poeta y cuanto del poeta hay en el Profesor? si es que ambas actividades se pueden complementar y/o combinar.

F.R: Bueno... sería otra vez mirarse subjetivamente, ¿no? Como toda mirada introspectiva. A veces es bueno porque logro autocompletarme en mi definición de alguna manera cuando escucho a mis estudiantes que después que toman cierta confianza conmigo y hemos compartido algunas cosas se atreven a decirme cosas que antes no. Soy un profesor muy exigente, muy estricto en mi clase, todo el mundo lo sabe, en Salto lógicamente, no es ninguna novedad, y el poeta es alguien que de repente tiene unas ganas bárbaras de comunicar y comunicarse. Estoy convencido que sin un otro no existe esa comunicación. Entonces cada vez que uno decide escribir, publicar, salir a la luz sabe que hay algo que deja de ser suyo, que se desprende y que pasa a ser de todo aquel que se identifique, para bien o para mal, siempre le digo a mis estudiantes, no soy un genio ni un gran admirador de arte, no he estudiando necesariamente para eso, me gusta mucho, consumo y me gusta mucho pero algo me puede atraer o repeler pero yo tengo que tratar de tener una opinión formada sobre eso, un argumento. Me gusta porque... me parece una reverenda tontería o porquería por... tal cosa. Entonces el poeta es alguien que trabaja sobre el texto, soy de escribir y reescribir mucho, pero es alguien también más intuitivo, y alguien que de alguna manera baja, ¿no? No es tanto como el profesor de Literatura... mirarme como profesor de Literatura... es decir que la misión más importante que tengo de acá a fin de año es que estos estudiantes, que de repente me miran con recelo en las primeras clases y que no quieren saber nada de un texto literario, tengan la capacidad de enfrentar el texto literario y disfrutar sobre todo de una lectura, descubrir el placer por la lectura y contagiar un poco de esa locura porque cuando me preguntan qué cantidad de libros he leído, qué libros tengo en mi casa, por qué me gusta tanto y qué hago un fin de semana. Y cuando les digo que dedico mucho tiempo a lo que amo, porque es una profesión que amo en realidad, me acusan de loco o directamente me dicen “se ve que está muy aburrido, no tiene muchas cosas para hacer”... contagiar un poco de esa locura. Me han visto que cuando armamos un recital poético o una intervención artística, lo que sea, yo soy uno más y si hay que arreglar luces, si hay que colgar alambres o arreglar lo que fuere, yo lo hago porque es algo que disfruto mucho. Disfruto mucho y eso a veces a ellos les cuesta entenderlo al principio pero después lo entienden, que la educación también está en el vínculo, también está en los grupos que se forman, en involucrarse en el producto. Eso también la cárcel me lo ha enseñado muchísimo. Los estudiantes saben que tienen que ver un producto armado, hasta que no ven un producto armado, definido, es como que le falta algo. Y si son parte de ese producto se sienten muy plenos porque se sienten alguien “útil” en el mejor sentido de la palabra, no como utilidad mercantilista si no útiles porque eso que está ahí, ese producto final “tiene una parte de mí”.

PdI: Fernando hablame un poco de “Umbral Anacoreta” tu primer poemario y cómo te ves hoy, en 2017, como escritor, incluso si querés, comparándolo con tu último libro “Pretexto”.

F.R: El primer libro “Umbral Anacoreta” es un libro que que tiene poemas de finales de la década del '90 y principios de 2000, 2001, hasta 2002 quizás. Había una catara muy importante de textos que yo fui descartando, me fue bastante difícil llegar a ese poemario 2004, había un montón de prejuicios, temores. El hecho de enfrentarme a una posibilidad de público, de gente que pudiera interesarse, ¿no? Para bien o para mal que pudiera interesarse con la poesía. El profesor ya estaba instalado, ya hacía 5 años que venía trabajando, pero el poeta era algo nuevo, digamos ¿no? Yo no había publicado en ningún lugar, ni había mostrado más que a dos o tres personas de mucha confianza, y surge “Umbral Anacoreta”o sea, la idea de un umbral, un pórtico, de un anacoreta, una especie de ermitaño que salía a una luz que podía ser cegadora o no. Son textos que buscaban evitar, algo que siempre trato, el uso de la rima, era una poesía que rompía un poco con lo establecido. Estaba contaminado por varias lecturas lógicamente, a medida que va pasando el tiempo eso es inevitable, y era un libro relativamente sencillo, con versos que si los miro hoy a la distancia son efectivamente, sumamente sencillos, muy cargados de lo adjetivo, hasta barroco en ese sentido literario, por momentos, pero que mostraban una idea de “acá estoy, no sé bien para qué, ni por qué, pero acá estoy y empiezo a definirme a través del texto literario”. La sentencia breve, los versos que no pasaban más de ocho sílabas o un poco más, es algo que siempre me ha gustado... lo sentencioso. Quizás Idea Vilariño tenga algo que ver con eso, necesariamente ¿no? Yo lo hablaba con una poeta que conocí entorno a ese año que era Mariella Nigro. Ella utilizaba muchísimo el verso heptasílabo y siempre hablábamos de eso. De esa sentencia. Esa sentencia en la idea de decir, bueno... el texto es algo que es corto como me gustaba concebirlo... y lo sigo concibiendo. Es algo corto pero que debe dejar algo latiendo. Entonces hay una preocupación y hoy la preocupación sigue siendo por lo que tengo que decir más que por lo formal, pero sobre todo, es algo que siempre tuve desde el primer libro que es, como lo decía en la pregunta anterior, la intención de establecer puentes comunicativos. Si ese puente no se da, no tiene sentido, el arte en sí no tendría sentido. Ese es mi punto de vista personal, que el arte no tendría sentido si no hay un otro que lo complemente. Entonces es una necesidad, es una válvula de escape, es un estado de ánimo. La empatía entra muchísimo en esto. Una vez recuerdo que un alumno dice, “pero a usted no le puede pasar todo eso que escribe” (je), “y por suerte no”, le digo. Pero también existe esa idea de la empatía, de una frase al pasar, de un verso, de una canción, de una cara triste, de una situación y el poeta consigue... yo, siempre lo he dicho, no creo en las musas sino en las excusas para escribir. El poeta clásico creería en sus musas y nosotros estamos bastante lejos de eso. Yo pienso en las excusas para escribir y eso que despierta una imagen que termina transformándose en otra cosa. Y ¿cómo me veo hoy en el 2017? Bueno... quizás un poco más maduro en eso... del decir... Quizás también en el 2004 si tenía alguna cosa para decir daba como un rodeo y hoy, ya curado de espanto, y con tanta agua que ha pasado por debajo del puente, soy más directo. Mi ideología, mi forma de pensar y ver el mundo no está oculta si no que sale a la luz y quizás me definen un poco más de quién soy hoy o cómo soy hoy, la poesía actual. Pero insisto también con el hecho de que los primeros versos ya dejaban entrever lo que yo pensaba y sentía y obviamente que han pasado trece años ya y uno va, no sé si madurando pero va cambiando también en muchos aspectos, se va adaptando a muchas cosas y la forma de pensar y la ideología también se va afianzando de alguna manera ¿no? Me va definiendo también un poco más.

PdI: Hoy en día, Fernando, con esos trece años de diferencia entre ese primer libro y hoy, ¿Los temas que te motivan a escribir siguen siendo los mismos, van cambiando con el tiempo, va de la mano de la maduración o sigue siendo el mismo interés que el primer día?

F.R: Yo creo que hay temas que se mantienen y otras cosas que van surgiendo, lógicamente. Hay temas que son a veces denominados en literatura, capitales. O sea, el tema del amor es algo que siempre me ha interesado, el tema de la existencia vinculada a la muerte, o sea la muerte como parte de la vida es algo que también siempre me ha interesado. La soledad y el quehacer poético como una herramienta de combate frente a esa soledad, que a su vez... es como decir, hablar del amor y no halar del dolor en el amor es como que el amor estaría incompleto ¿no? Tampoco es un acto de masoquismo pero es una realidad. Una vez me dijo otro poeta amigo, es difícil escribir en la felicidad, generalmente se escribe desde la infelicidad. Entonces hablábamos de que hay momentos, ¿no? Porque de repente yo puedo estar muy bien de ánimo en apariencia y surge algo, un recuerdo, una imagen o lo que fuere que me dispara otro momento y hay como una nostalgia. Yo creo que también, ese, el tema de la nostalgia es algo que está presente, muy presente en los últimos cuatro o cinco años. Sobre todo esa nostalgia de la niñez huida, no como la idea... me gustaría regresar ahí, cosa que se sabe que es imposible, si no el valor de las pequeñas cosas que de repente pasaban inadvertidas por nosotros y que hoy cobran un valor muy pero muy importante. Yo lo he comentado en varias ocasiones y una vez me quedaron mirando varios colegas que estaban hablando que cada vez me costaba más volver al barrio de mi infancia y era un desgaste emocional muy grande y hasta el día de hoy lo es, porque, claro, no es lo mismo, en la casa de enfrente no está fulano, no está mengano, en la casa del costado, tampoco. Amigos, familiares, vecinos, cosas que pueden convertirse en poesía, como la única luz en la mitad de la cuadra donde ahí se contaba para jugar a La Topa o a La Escondida. Entonces son cosas que de repente disparan muchas cosas. En lo emocional disparan muchas imágenes, muchos recuerdos y la nostalgia es un tema que hoy yo me he dado cuenta, al releer textos, que es algo que es muy importante en la realidad. Y sigo hablando sobre el amor y sigo hablando sobre la muerte. Hablo quizás un poco más, y eso es cierto, sobre la realidad social de mi país, de mi entorno geográfico pero también hay por momentos, y eso queda claro en varios textos... bueno, todavía queda gente con quien conversar, todavía queda gente por conocer y todavía quedan muchos espacios por compartir y los espacios los hacemos, basicamente, ¿no? Es como hacer referencia o hablar de los encuentros de poesía en Fray Bentos, por ejemplo, siempre lo he dicho, son momentos donde uno se reencuentra con otros pero también se reencuentra consigo mismo. O sea, a mí me gusta esta idea... me encuentro con otra gente para compartir lo que yo hago. Ese es el puente comunicativo, lo he dicho varias veces, pero para mi es importantísimo.

PdI: Yo que he leído mucha poesía tuya, destaco el gran manejo de lo cotidiano, un tema cualquiera que se va desarrollando y puede llegar a ser hasta existencial al final. Ese tipo de poesía creo que es una gran virtud que tiene tu poesía. ¿Estás de acuerdo conmigo?

F.R: Sí, esa búsqueda de lo cotidiano es algo adrede porque es el tipo de texto que siempre me ha identificado. Además ahí vendría a ser como una cotidianeidad al estilo de la pregunta que me hacías del poeta/ profesor de literatura, profesor de literatura/ poeta. ¿Por qué? Porque yo siempre he sido una de los profesores que ha luchado, junto con otros colegas, por desmitificar eso de que la literatura es propia de una elite social, como lo fueron varias de nuestras generaciones literarias, por más que a algunos les cueste reconocer. Hablar de una generación del 900 en Uruguay es hablar de una generación muy elitista. La generación del '45, si bien rompió con algunos tabúes, también, no dejó de ser una generación elitista. No era que yo me iba a sentar en el medio e iba a leer mis textos en el Sorocabana o en Salto, por ejemplo, lo que fue la Confitería Oriental en su momento que era un lugar donde se encontraban los denominados intelectuales. Esa es una palabra que..., yo hablo siempre jocosamente de los pseudo-intelectuales. Me molestan y mucho, los nombres propios. O sea, los nombres propios que por ser nombres propios ya con eso abren las puertas y hay que tirarles alfombra roja. Entonces para mí la poesía y para mí lo literario, estrictamente está en lo cotidiano. Si en una clase yo trabajo un texto y eso no se coteja con la realidad nunca va a existir el impacto emocional y para mí va a pasar por el costado. Podría hablar de un texto literario, los estudiantes simplemente agacharían la cabeza y escribirían y jamás entrarían... yo lo llamo, en conflicto, en esa ida y vuelta con el texto literario. Entonces si el texto literario no llega, para mí es una clase perdida y para mí es un tiempo... y me voy muy defraudado a mi casa y vuelvo a tratar de insistir con otra mirada si eso no ha llegado. Lógicamente que en una clase de veinte o treinta personas es imposible que todos lleguen a algo con el texto pero lo importante es decir, bueno... esto es una puerta, acá es un camino por donde pueden transitar y el texto literario es eso... es un ser humano, en algún momento del tiempo, en algún momento existencial, escribiendo. ¿Y para qué escribe? ¿Para qué lo publica, sobre todo? Para que trascienda en el sentido de que alguien se identifique con eso, sino no tendría sentido. Me lo guardo en un cajón y lo dejo y que quede allí. O escribo solamente para mí y después que terminé de escribir lo borro. Entonces en esa idea, lo cotidiano, lo poético me rodea siempre. Ahora, es cierto que... no sé si es virtud o no virtud pero es cierto que, lo que decías vos, Javier, que utilizo muchísimo como disparador lo cotidiano, ¿no? Entonces lo cotidiano es un disparador para de repente profundizar en algunas cosas que es como decir... bueno, dejé planteada una idea, estaría bueno debatirla. Que puede trascender, ir más allá y si vos estás de acuerdo o no... podés estar totalmente en desacuerdo con mi planteo y no es el único, no es la verdad absoluta, que no existe, y no es la razón más verdadera. Es un punto de vista de la realidad, nada más.

PdI: ¿Qué pasa con Salto y la poesía? ¿Qué pasa con Uruguay y la poesía?

F.R: Bien, esteee... mi poesía comenzó a ser conocida, trascendida a las fronteras de Salto cuando salí de Salto. Y conocida en Salto cuando salí de Salto. Entonces, sí... yo alguna vez lo escribí, esa idea de no ser profeta en tu propia tierra... una cosa es el refrán y otra cosa es que la gente haga todo lo posible para que eso se cumpla. La primera vez que me invitaron a un encuentro literario fue en el 2006. Fue el primer encuentro de Literaturas en Maldonado. Yo era Juan de los Palotes en medio de gente muy grosa de Buenos Aires, Paraguay, gente del Brasil y gente de Uruguay, por supuesto. Entonces en una de las entrevistas que me hicieron en la radio me preguntaron, y yo siempre traté de graficarlo de esta manera, es como transitar por una calle, por la misma calle y encontrar a los más reconocidos escritores uruguayos, casi por cruzar a la próxima calle, ya cruzando la esquina y después un grupo de gente que le gusta escribir transitando mucho más atrás, por la misma vereda o por la vereda de enfrente pero en lugares distintos, como desconocidos. O sea, porque no es un círculo, porque no nos agrupamos, porque yo sé que el otro escribe y el otro sabe que yo escribo pero no compartimos lugares y porque hay escritores que siegan. Que en ese afán de decir, bueno, nosotros “somos” Salto, han segado y en los últimos años parece que Salto está perdido en una neblina cultural de la cual los Quiroga, los Marosa di Giorgio, los Garet, por ejemplo, son figuras, que nadie va a discutir su valor literario, pero que no permiten que aparezcan nuevos escritores que sabemos que los hay. No solamente porque han publicado alguna vez, han tenido la suerte de publicar, yo he tenido la suerte de publicar, como otros escritores, sino porque básicamente no son reconocidos. No se lee en una escuela, no se lee en un liceo, no están los libros en la biblioteca municipal ni en la biblioteca de los liceos y eso es importante. Y a nivel nacional, yo siempre se lo he dicho a mi editora Melba Guariglia, a quien considero una persona excepcional aparte de una gran escritora, una buena amiga, que a mí me pasaba cuando iba a Montevideo que... uno empieza a reconocer los círculos, ¿no? Hay como círculo de escritores, entonces hay gente que anda junta para acá... se disimula un poco más porque hay dos millones y pico de personas, pero en Salto por ejemplo, eso se siente. O sea, formás parte de algo o no formás parte de ese algo. Y el peor error que se pueda cometer respecto a eso, y eso es algo muy personal que yo sostengo, es tratar de valorar la escritura de alguien por cómo es como persona o la imagen que yo me he creado de ese alguien como persona. Entonces no entro en la discusión que tendría que ser más de fondo que es la discusión literaria, digamos. A mí me pasó que en la primera presentación de libro estaban mis familiares. En la segunda presentación de libro eramos ocho personas. Cuando presenté mi tercer libro, que ya venía con una editorial de Montevideo, hubo más de cien personas y en a presentación del último libro éramos veinticinco personas. O sea, no es que esté midiendo un éxito o un no éxito, si no los distintos tiempos. A mí me llamó poderosamente la atención que... yo presenté mi último libro en la Feria del Libro de Montevideo y no sé cuántos años hacia que un escritor salteño no presentaba un libro allá y es algo que pasó totalmente inadvertido, en mi ciudad pasó totalmente inadvertido. Salvo en mi círculo de conocidos, pasó totalmente inadvertido. Y cierro con esto... creo que es una imagen que ilustra a la perfección lo que estoy tratando de sostener. En la presentación de mi último libro, que lo presenté con y gracias a que mi amigo Sergio Calvo, consiguió el museo de Bellas Artes, ya que no encontrábamos un lugar, porque en ningún lugar me abrían la puerta... un diario local que se llama El Pueblo, mandó a una muchacha que estaba incursionando en el tema de eventos culturales y estábamos en la puerta del museo que está en plena calle Uruguay, esperando para iniciar y veo casi sobre la hora a una persona que pasa como tromba... cruzó ¿no? como tromba. Dijo “buenas noches” y siguió de largo hacia adentro, nosotros estábamos en la vereda del frente del museo, y que después, como a los tres o cuatro minutos sale y me dice... “vos sos Fernando Rocha”. O sea ella venía a la presentación de mi libro sin saber quien era yo. E incluso en las preguntas que me hizo en la pequeña entrevista que me realizó, le llamó poderosamente la atención que ese era mi cuarto libro. Había escuchado nombrarme como el profesor, no sabía que yo escribía y mucho menos sabía que era mi cuarto libro.

PdI: La que suele ser la última pregunta o la última reflexión de la entrevista es esta... ¿Sobre qué nunca escribirías? O ¿Para quién nunca escribirías?

F.R: Bueno... ¿sobre qué no escribiría? Quizá no escribiría sobre fútbol salvo que a veces utilizo, porque claro en lo cotidiano que hablábamos hoy, utilizo alguna frase de la jerga. Yo en uno de los últimos textos que leí en público sostenía que hoy, muchas veces, parafraseando a Marx, el fútbol es el opio del pueblo uruguayo, por momentos. Es el quitapena y olvida todo lo demás, y me encanta el fútbol así que no va por ese lado. Y no escribiría desde un compromiso político partidario. Eso lo he tenido claro siempre. Creo que la poesía no necesita politizarse para ser una poesía o una literatura comprometida. Hay muchas formas de comprometerse. Quizá eso, pensándolo ahora, son los temas que jamás abordaría o al menos en este momento te puedo decir que jamás los abordaría. Después, no sé... hay muchos temas que me gusta abordar y quizás sin politizarme me he metido, aprovechando el por qué estoy acá en Fray Bentos por ejemplo en esta entrevista, si bien he escrito durante bastante tiempo textos para murgas, este año recién se dio que compartí libreto con uno de mis hermanos y mi razón de estar acá hoy, en Fray Bentos es porque la murga actúa en Fray Bentos. Pero va por otro lado y lo tengo bien claro que es otra cosa... pero no me gusta la murga que se politiza, de alguna manera, porque creo que deja otros rasgos afuera que forman parte de la esencia de la murga. Y desde mi punto de vista yo creo que la literatura o el arte en general puede comprometerse sin politizarse.




sábado, febrero 25, 2017

EL OTRO LADO DE LA LUZ: Lilián Toledo Fulco

ENTREVISTA 2 – 23/02/2017

LILIÁN TOLEDO FULCO: "EL OTRO LADO DE LA LUZ"
POETAS WHATSAPPEADOS. Ciclo de entrevistas de Poetas del Interior (PdI).

Inquieta, curiosa, rebelde, combativa, amiga, feminista, una larga lista de características que hacen de Lilián una mujer a ser atendida, escuchada. Camina de la mano de la poesía, tanto como coordinadora de talleres, o como creadora, asida de la astucia, de la impronta independiente, contradiciendo y contraponiéndose a dudas y a rechazos en este mundillo absurdo acaparado por unos pocos que se creen “elegidos”.

POETAS DEL INTERIOR: A modo de presentación, ¿Quién es Lilián Toledo?

LILIÁN TOLEDO: Todavía voy siendo... Nací en los inicios de los '60, pasé por un país con dictadura, me sentí obligada, o convocada a hacer algo para cambiar esa circunstancia. Lo hice. Estuve detenida, conocí a mucha gente muy respetable, con muchos errores, con muchos límites y con mucho para dar. Ahí me enseñaron la técnica, con profesoras, con Sonia Fossatti, que falleció hace unos años, Profesora de Literatura, excelente persona. Con ella en las tardes de siesta en la barraca me dedicaba su tiempo para enseñarme a escribir poesía, a hablarme de distintos autores. Nací en el Cerrito de la Victoria, ese es el escenario. Mi viejo trabajó en C.U.T.C.S.A. toda su vida, más de 40 años. Tuve tres abuelas, tengo muchas amigas, muchos amigos, una nueva pareja, una hija que nació de una pareja anterior, elegida, querida. De mi madre heredé el amor por la lectura, sentir que un libro siempre es un misterio por desvelar, siempre un oráculo, casi.
De mi vieja también, siempre muy cuidadosa y respetuosa, aprendí el valor de la palabra escrita. Ella me escribía cartitas cuando quería transmitirme algo relevante. Por eso valoro la palabra cuando es escrita con cuidado o con dedicación y creo que siempre tiene que transmitir algo. No solo la forma sino el para qué y el para quién, siempre el otro está presente en lo que uno escribe. De ahí, de esa síntesis, es que yo empiezo a intentar escribir poemas leyendo a Idea Vilariño, a la generación del '45. Y yo diría que no son poemas todavía, van siendo, también igual que yo, que son, sin duda sí, decires necesarios. A partir de los 30, con otros profes, compañeros de camino, de Paysandú, amigos de Víctor (Dantaz), me animé a empezar editar. A los 50 edité el primer libro, “Versos Transgresores”, pero los papelitos de mi vieja, esos que guarda, dicen que escribo desde los 18 por lo menos. Así que cincuentona, feminista, militante, que escribe para entenderse y entender, la circunstancia que le toca vivir junto a otros. Eso es lo que te puedo contar, el verano está caluroso, la compu sin batería y yo... no sé presentarme en sociedad.

PdI: ¿Qué es la poesía, o por qué poesía?

L.T: Es un oficio, es un trabajo y es una manera de ver el mundo. Esa (definición) es la que más me acerca, todo lo demás me falta.
Debo decir que para que yo llegue a escribir un poema, para que lo llegue a compartir, para que lo llegue a editar, siempre, siempre, siempre hay un camino de solidaridad, de compañerismo, de gente que se enlaza, se me enlazan, me enlazo, de construcción de lazos, que es lo que más me gusta en realidad, mucho más que lo que termina siendo la palabra escrita, aunque después, cuando me releen, cuando otro le presta su voz a lo que yo escribí, me reencuentro con algo de mí que me gusta y me hace sentir que puedo ser útil a otros.
Agrego, porque voy recordando, que el Cristo, Miguel Olivera y Luis Bravo, recibieron unos poemas, por allá por el '85, que yo había trascripto, que saqué de la cana, del penal de Punta de Rieles. Los miraron con muchísimo cuidado, con muchísimo respeto. Incluso a algunos el Cristo me propuso ponerlos en una recopilación que todavía tengo ahí en un estante, “Escritos de la Cárcel”.

PdI: ¿Crees en la poesía combativa? ¿Lo tuyo es poesía combativa? Y si crees en ella, ¿Crees que sirve para algo?

L.T: No, no creo en poesía combativa, creo en gente que combate (risas), que hace cosas. Somos las personas las que cambiamos, la realidad la hacemos... desde los distintos lugares. Sí creo que la poesía es algo necesario en todo ese conjunto de acciones que hacen a la construcción de una sociedad donde todos tengamos derecho a vivir y oportunidad para hacerlo con la mejor de las calidades.
No sé que es mi poesía. Ya te digo, insisto, son decires necesarios. A veces la forma me ayuda al decir pero nunca está antes la forma que lo que quiero transmitir.
En los talleres que he tenido la oportunidad de coordinar, con otros, junto a otros, en lugares como una cárcel o como lugares de reclusión por razones de salud mental o con distintos colectivos jorobados, por la sociedad, ¿no? por el sistema económico, con los que me gusta aprender a hacer poesía, es uno de los textos que trabajo, porque nos aclara por qué necesitamos escribir y para quiénes escribimos.

PdI: Tuviste la oportunidad de ir a Cuba a llevar tus letras, contame un poquito sobre eso.

L.T: En La Habana estuve en la FIL (Feria Internacional del Libro) de 2015, presentando “Palabrotas” y después en el 2016 presentando “De Cautiverios”. La primera vez logré el apoyo de Asuntos Culturales de Relaciones Exteriores. La segunda vez lo pagué yo pero con un acuerdo con la Escuela Nacional de Salud Pública y me pude alojar allí con un costo muy bajo que me permitió sostenerme. En el primer viaje estuve leyendo poesías en la UNIAC, estuve en contacto con un montón de gente linda que fue a la presentación y ahí hicimos encuentros con Nancy Ryal, una licenciada en psicología, que trabajó mucho en comunidad, en psicodrama, y hablando con ella de los talleres que yo hago, talleres de escritura colectiva, me dijo vamos a armar algo para el 2016 y así fue que fui con ella, trabajando con varios grupos de mujeres, asociaciones civiles e incluso un CDR (Comité de la Revolución) de la zona Vedado-Malecón con un grupo de mujeres mayores donde aprendí muchísimo... de la vida, de desde dónde se produce la palabra, de cómo se pelea y se resiste y hay un artículo que salió en la revista Topía, “Tallereando en La Habana”.
Este año tenía ya organizadas algunas actividades con esta gente, la gente de COAP (Centro de Orientación y Atención a la Población) pero no salió el apoyo y esta vez no me pude jugar a ir, pero hay un área de creación desda la poesía, desde la palabra compartida que a mí me hizo crecer muchísimo.

PdI: Uruguay participó en 2016 como invitado de honor en esa Feria. ¿Pediste apoyo?

L.T: Sí, hubo una delegación oficial, elegida desde el MEC, pero yo no estaba dentro de la misma. Antes de que se concretara estuvimos conversando extraoficialmente sobre la posibilidad de un proyecto de intercambio de poetas, pero no cuajó, quizás debimos insistir.

PdI: El feminismo es un interés permanente y una parte importante de tu vida y de tu escritura.

L.T: Qué momento ahora, ¿no? para hablar de feminismo, pero, sí. Hace poco una socióloga me hizo una entrevista, estaba buscando los posibles caminos de encuentro y desencuentro entre el feminismo e izquierdas... y bueno, resulta que formé parte de un grupo que se llamó “Mujeres Socialistas del Uruguay” que de alguna manera intentamos resolver esa tensión. ¿Por qué es una tensión? Feminismo para mí es un movimiento del pensar, el hacer y el sentir, que intenta hacer visible algunas de nuestras construcciones sociales, subjetivas sobre todo, en las que lo femenino queda subordinado a lo masculino, exigiéndole a las dos partes sin duda, pero esa subordinación hace que lleguemos a extremos tales como el usar el cuerpo femenino o feminizado, como un botín de guerra, como una forma de venganza, como un lugar de descarga, como un territorio donde se puede decidir más allá de la voluntad de quien porta ese cuerpo. Feminismo es un movimiento que implica un cambio de lo subjetivo, de las maneras de entender cómo se relacionan las diferencias, para qué son las diferencias, si son sólo para jerarquizar y subordinar o para entretejerse y generar novedades. En esa mirada sobre el feminismo en que yo participé, en distintos grupos, hoy atraviesa mi vida cotidiana. Como te decía, desde tratar de reconocerme en mi locura por ordenar y hacerme cargo de todo lo de la casa hasta constatar que hay zonas de esa misma casa que todavía no están liberadas. Un analizador interesante para mí, más allá de todos los avances es ver como aún en las casas el porcentaje de varones y de mujeres que se hacen cargo de limpiar el baño, es mayor el de las mujeres. Es muy difícil que un varón, aunque se haya transformado en muchas áreas, incluso que cuiden sus hijos, que cocine, que limpie; limpie el baño sin que nadie se lo pida.

PdI: ¿No considerás, y esto sólo a modo de debatirlo y provocar una reflexión, que hay actividades que exclusivamente las hace el hombre y donde la mujer tampoco participa, dígase, a pesar de las contadas excepciones, cambiar una rueda del auto en la ruta, por ejemplo?

L.T: Sí, sí. O la responsabilidad y el peso de proveer, por ejemplo... Por supuesto, el tema es una diferencia anclada en lo biológico desde la cual se construye un sistema de subordinación. No tiene el mismo estatus cambiar una rueda que limpiar el baño. Volvemos a caer en la trampa de las dicotomías. Es desarmar un sistema en el que las diferencias sean justamente el motor de la construcción de la equidad y de la identidad de cada quien.

PdI: Has trabajado mucho con talleres de mujeres, con personas con problemas sociales e incluso en el Hospital Vilardebó. Contame un poquito sobre esa experiencia.

L.T: Fueron talleres de escritura colectiva, fueron para mí un camino de aprendizajes. Es un dispositivo de trabajo, de producción de textos, en general poéticos, que es lo que más me puedo acercar a apoyar, y lo que trabajo por lo general es con colectivos de gente que está jodida por algún lado, o sea, socialmente, ¿no? Grupos de mujeres víctimas de violencia, personas con diagnósticos psiquiátricos, personas con privación de libertad, colectivos de diferentes identidades sexuales, en fin, me gusta. Me gusta llegar y construir con quien en general no tiene una mirada desde ese lugar de profusión de arte, producir momentos que son estéticamente bellos y éticamente también.
Mucho de lo que hoy pienso y repienso y veo en los distintos talleres lo aprendí junto a la querida gente de la Radio Vilardevoz donde recibí de herencia un taller de Literatura, de escritura colectiva donde ellos en primera instancia contaban, transmitían cosas que sentían y después lo iban repensando, apoyándose y criticándose mutuamente. Y a eso le dimos una vueltita más que fue agregar autores, retrabajar textos, generar textos en relación a distintos elementos de la coyuntura, momentos de la coyuntura, sobre todo la lucha por la ley de salud mental, que han tenido una visibilidad y una potencia positiva enorme, y bueno, junto a esa gente que tiene mucho para aprender pero también para enseñar y gran parte de sus haceres alimentaron los míos.

PdI: ¿Qué diferencias hay, si las hay, entre la Lilián de Versos Transgresores y la de ahora de Cántaros de Sombra?

L.T: Bueno, evolución... sí. Uno aprende haciendo. Es la práctica por la cual se produce el conocimiento, el hacer, la devolución de los otros, la propia mirada, distintos momentos. Bueno, este trabajo en el que yo propongo deshacer textos, míos en principio, bueno porque, sobre ellos decidimos, tengo la posibilidad de decidir. Todo este proceso... desde Versos Transgresores hasta ahora o desde Mudanzas que fue lo primero que edité junto a la gente de Paysandú... hay aprendizaje. Parece que aparecen muchas imágenes, sobre todo en Cántaros de Sombra. Que textos que sugieren imágenes, más de una artista plástica (Magalí Cabrera), mujeres, dos o tres ya, me lo han dicho, y algunas artistas del cuerpo, performances (“Adriana y sus Laberintos” con Caro Norando, Tatiana Conde y Magalí Cabrera, basada en “Cántaros de Sombra”), mimos, clown, mujeres también, me han dicho que imaginan movimientos, imaginan situaciones a partir de lo que escriben. Yo no tomé la decisión, pero seguramente fueron escritos mirando sobre todo hacia afuera. Capaz que ese camino de aprendizajes, que te decía, con distintos colectivos y sus distintas formas de encierro y sus distintas formas de encontrar la libertad y construir las condiciones de la libertad... personal, grupal y social. Cántaros de Sombra me parece que tiene esa madurez y esa originalidad. La madurez de poder presentar en imágenes y la madurez de poder presentar un afuera pasado por el riel de la propia experiencia y que habla de una circunstancia o de varias circunstancias que en este momento en el contexto en el que estamos siguen siendo problemas a resolver. Desde el tema de la salud mental hasta la condiciones de privación de libertad, el tema de condiciones de género. Es cierto, allá en Punta Negra cuando lo presentamos, fue definido como de resistencia como poemas de resistencia, de esperanza pero triste y oscuro. También se habló, en ese y otros grupos, de una oscuridad en el sentido de lo profundo, de lo que no siempre uno se detiene a mirar y creo que eso sí tiene Cántaros de Sombra. No es falta de luz, es el otro lado de la luz.

PdI: ¿Y si hablamos de influencias en Lilián Toledo, de quiénes tenemos que hablar?

L.T: de Idea, de Íbero, de Celaya. No sé si son influencia, es lo que me gusta. Yo no me formé en escribir, sólo leí y leí.

PdI: Sobre qué nunca escribirías?

L.T: ¿Sobre qué nunca escribiría? Creo que sobre pelotudeces. No escribiría sólo por la forma, no escribiría sólo por hacerme un lugar. Escribo siempre empujada por tratar de entender (me), entender una circunstancia mía que en general es igual que la tuya o igual que la circunstancia humana que creo que si le encuentro alguna forma de transmisión quien la recibe también puede aportarme a mí y entender.
Una entrevista con tropezones pero sin caídas. Varias veces tuvimos que rehacer y rehacernos con Lilián porque el diablo que no descansa no quería que se terminara. Nos llevó tiempo, reiniciamos charlas, pero creo que el resultado es altamente disfrutable para quien gusta y disfruta de la poesía y sus creadores.





NOTA: Javier Dos Santos para POETAS DEL INTERIOR.